UNIDAD 1. EDUCACIÓN PRESENCIAL Y A DISTANCIA

1. Tipos de sociedad y modalidades de la educación

Trate usted, lector, de evocar en este momento una imagen que contenga e ilustre su idea sobre lo que es la educación. ¿La tiene? Manténgala un momento en el foco de su atención y trate de advertir los elementos y las circunstancias que la conforman. Lo que tiene ante sí es: ¿Tal vez un momento particularmente agradable en la escuela de su infancia? ¿Quizá una situación académica delicada o abiertamente problemática en la que se vio envuelto? ¿O acaso una posibilidad de mejora a la que no tuvo oportunidad de acceder?

 

Si repasáramos las evocaciones realizadas por todas las personas dispuestas a hacer este sencillo ejercicio, encontraríamos con seguridad un verdadero mosaico de contextos escolares o familiares, marcados por las circunstancias particulares de cada una de ellas: la edad, el sexo, la nacionalidad, la condición social, etc. Pero casi con total seguridad, todas ellas coincidirían en un rasgo, la relación interpersonal directa, física, entre el educando y el educador. La idea intuitiva de educación que hemos venido manejando hasta el presente va asociada a la relación inmediata entre los dos protagonistas esenciales de la relación educativa. Dicho en otros términos, las nociones de educación y de educación presencial son prácticamente sinónimas para la mayoría de la gente. Y sin embargo esto puede empezar a cambiar en el próximo futuro, a la vista de las impresionantes transformaciones producidas por el desarrollo de las tecnologías informativas, que han generado, entre otros, el paradigma de la realidad virtual.

 

Creo que compartirá conmigo la idea de que la educación es fruto de su tiempo, producto de la circunstancia histórica en la que se desarrolla. Siendo esto así, a la actual sociedad de la información le correspondería un modelo educativo no referenciado a un espacio concreto y fuertemente mediado por las tecnologías de la información y la comunicación. Sin embargo, debido a su condición de guardiana de la tradición cultural y del saber, la institución educativa ha ido conservando rutinas y procedimientos propios de épocas pretéritas. Hasta el punto que, en el presente, puede considerarse que la educación –en su modalidad presencial- es una de las últimas artesanías que perduran.

 

Dicha artesanía fue adquiriendo un cuerpo de conocimiento a lo largo de la Edad Media con las escuelas monásticas, las escuelas palatinas, las escuelas catedralicias y las primeras universidades. El procedimiento didáctico utilizado en éstas era el método expositivo escolástico, basado fundamentalmente en la lectura, defensa y exposición oral de la cuestión tratada por parte del profesor, considerado como el principal exégeta del conocimiento, dado que sin su concurso resultaba bastante difícil en la práctica acceder al saber. Esta oralidad didáctica predominante no se vería modificada significativamente hasta que el nuevo producto derivado de la invención de la imprenta, el libro, no se hubo extendido.

 

El proceso de aparición y desarrollo de los sistemas educativos nacionales, iniciado en el siglo XIX, ha ido acrisolando esta larga tradición artesanal, en la que aún se mantienen en lugares centrales el libro como garante básico de la tradición escrita y –si bien a duras penas- la condición del profesor como principal intérprete del conocimiento. La extensión de este modelo, que algunos teóricos (como Peters, 1996) han calificado de preindustrial, ha tenido lugar paradójicamente durante el proceso de desarrollo de las sociedades industriales. Pero al tiempo, justamente cuando este tipo de sociedades comienzan a demandar una creciente cantidad de mano de obra más cualificada es cuando se produce la aparición de una nueva modalidad educativa: la educación a distancia.

 

La educación a distancia constituye (Peters, 1983) una forma industrial de enseñar y aprender. Es el verdadero paradigma educativo de la sociedad industrial, en tanto que se fundamenta en los principios clásicos del industrialismo: economía, eficiencia, planificación, producción y distribución masiva, división del trabajo, centralización, control, etc.

 

Debido a la naturaleza de su principal materia prima –la información- y al impresionante desarrollo de las tecnologías que la procesan, la emergente sociedad de la información parece abocada al establecimiento de un nuevo paradigma educativo que sintetice los rasgos de los anteriores. Dicho paradigma es el de la interactividad instantánea, lograda mediante el empleo de las citadas tecnologías.

 

 

Figura 1. Rasgos básicos de los tres paradigmas educativos
 
Paradigmas educativos
Artesanal
Industrial
Interactivo
Contexto histórico Sociedad preindustrial Sociedad industrial Sociedad de la información
Modalidad educativa Educación presencial clásica Educación a distancia Educación mediada por las TIC
Comunicación predominante Cara a cara Diferida Instantánea
Acceso al conocimiento Mediado por el profesor Planificado por el sistema Gestionado por el profesor
Contexto de aprendizaje Aula Domicilio Red interactiva:aula, domicilio, ciberespacio

Puede afirmarse que, para muchas cuestiones relacionadas con el conocimiento, las tecnologías de la información y la comunicación están logrando hacer desaparecer el espacio. La posibilidad efectiva de acceder inmediatamente a documentos e información de todo tipo ubicados en los confines más remotos es el acta notarial de esa desaparición ¿Cómo hablar entonces de aquí en adelante de educación a distancia o de educación presencial, que son conceptos espaciales? Cabe pensar en la progresiva desaparición de las fronteras entre las dos modalidades educativas utilizadas en el industrialismo –presencial y a distancia- que irían siendo sustituidas por una modalidad híbrida de interacción reticular, en la que se conjugasen las extraordinarias ventajas de la relación educativa cara a cara con las no menos importantes que puede proporcionar el ciberespacio.

 

Sin embargo, es previsible que el proceso de decantación e implantación de un modelo como el señalado no avanzará uniformemente por todos los países y por todos los estratos sociales. Hasta entonces pervivirán entre nosotros los tres grandes paradigmas educativos a los que me referido con anterioridad, cuyos rasgos básicos se señalan en la figura 1.