El debate sobre la literatura juvenil

Cuando ya nadie cuestiona la existencia de una literatura específicamente infantil, el debate se ha desviado hacia el sector juvenil. En los últimos años, la publicación de gran número de obras dirigidas a un público de 14 a 18 años ha supuesto un auténtico fenómeno editorial. La reciente implantación de la reforma educativa, con la ampliación de la escolarización obligatoria hasta los 16 años, ha reforzado esta situación, incentivando el desarrollo de una literatura hecha a medida de las nuevas orientaciones didácticas: lecturas accesibles y significativas, temas propios del mundo juvenil, apoyo a las áreas transversales...

El debate surge cuando se enfrenta este tipo de literatura, cuya calidad artística es, en ocasiones, discutible, con la literatura para adultos: ¿Es preciso publicar obras específicas para estas edades? ¿Son sus aportaciones suficientes para legitimar el género? ¿Pueden suponer una barrera para la madurez lectora del adolescente?

Aunque desde la Grecia clásica pueden encontrarse interesantes antecedentes de la literatura juvenil (textos literarios dirigidos al cultivo del intelecto y la sensibilidad), sólo desde finales del siglo. XIX, cuando comienza a hablarse de la adolescencia como una etapa con peculiaridades psicológicas, hay ejemplos claros de obras dirigidas específicamente a este público: "Así, no sólo Defoe o Swift, también Wells, Chesterton, Stevenson, Twain, Burnett, Alcott, May, Burroughs, Doyle y muchos otros han constituido durante años el patrimonio literario del adolescente".

En estos clásicos juveniles, podemos encontrar ciertos rasgos comunes que los han convertido en lectura predilecta de varias generaciones de adolescentes:

  • Protagonista joven: La presencia de elementos propios de esta edad (rebeldía, impulsividad, osadía...) ayuda al lector a identificarse fácilmente con el héroe.
  • La aventura como argumento: El protagonista afronta la realización de grandes empresas, manteniendo en tensión al lector y haciéndole soñar con sus mismos ideales.

Imagen de portadas de libros

Sin embargo, el punto de arranque de una literatura que refleja como un espejo el modo de vida de los jóvenes (más allá del ideal heroico o la aventura) es bastante posterior.

Pablo Barrena lo sitúa en 1967 , año en que se publicó Rebeldes, de S. Hinton, una obra emblemática del género y cuyo éxito sirvió de impulso para el surgimiento de nuevos escritores y la apuesta de las editoriales por el sector juvenil. En los últimos años, este género ha vivido un desarrollo espectacular en nuestro país, con la aparición de múltiples colecciones específicamente juveniles.

En todas ellas, encontramos una serie de elementos comunes, cuya confluencia constituye, en definitiva, la especificidad de este género:

En cuanto a los argumentos:

  • Interés por el autoexamen personal: el protagonista busca crear sus propias opiniones, rechazando las presiones de los adultos.
  • Preocupación por la propia realización: personajes que buscan satisfacer sus deseos, necesidades y expectativas.
  • Inquietudes físicas y afectivas: la salud y la buena forma física, el sexo y los afectos, más allá de las relaciones familiares.
  • Toma de postura frente al mundo: La preocupación por la ecología, el pacifismo y otras cuestiones de índole social.

En cuanto a los géneros:

  • Predominio narrativo: casi total ausencia de poesía y teatro. Dentro de la narrativa se han desarrollado fundamentalmente los libros psicológicos, el realismo crítico, las aventuras, la fantasía épica, el misterio y los relatos de terror.

En cuanto al estilo:

  • Lenguaje coloquial: imitación del argot juvenil.
  • Referentes culturales actuales: futbolistas, cantantes...; sucesos destacados; elementos televisivos...
  • Intimismo (se explicitan los pensamientos del joven y sus sentimientos de soledad y aislamiento -"nadie me entiende"-). Suelen estar narrados en primera persona, lo que facilita la identificación con el protagonista.
  • Ritmo ágil: acción, abundancia de diálogos.
  • Finales abiertos: dan más sensación de libertad al lector.

En cuanto a la presentación y el formato:

  • Títulos impactantes y divertidos: Se busca provocar al lector, atraer su curiosidad, mediante expresiones cargadas de fuerza e inspiradas en el cine actual, el lenguaje de la calle, e incluso, en los eslóganes publicitarios.
  • Diseños muy actuales y gráficos, similares al de las revistas juveniles o los discos. En las ilustraciones de portada, son más frecuentes los fotomontajes que los dibujos.
  • El texto tiene poca densidad, aparece aireado y con la letra grande.

Tales características definen un tipo de literatura dirigida a un lector con unos intereses muy determinados, ampliamente estudiado por las editoriales y, sobre todo, por el propio autor. El análisis de los rasgos psicológicos de la adolescencia es, así, el punto de partida para la producción de textos que buscan dar respuestas, en una edad de incertidumbres e interrogantes.

Este es uno de los principales puntos de crítica para los detractores de este género: la presencia de unos rasgos tan definidos puede simplificar la creación literaria, llevando a desarrollar, más que un género, un mero estereotipo literario, basado en fórmulas comerciales.

Felicidad Orquín advertía, en 1985, de la posible simplificación de la realidad del adolescente, al presentar todo desde el plano de las relaciones interpersonales. "En buena medida, muchos son libros modélicos con su resolución final y están abocados, por su misma estructura, a un nuevo conformismo". Para Alejandro Delgado, el carácter formativo de estas obras es más que discutible "¿de verdad todos nuestros jóvenes están realmente de psiquiátrico? ¿Recordamos alguno de nosotros, adultos más o menos bien constituidos, haber hallado la resolución de un problema en la lectura de una novela, por muy iniciática que ésta sea?". Este autor denuncia, así, la inutilidad del didactismo en la creación literaria, señalando, además, el posible peligro de degradación cultural que la sustitución de modelos de lectura puede provocar. En una línea opuesta, Luis Díaz afirma que "la escritura se elabora siempre para alguien".

No cree que la literatura deba responder a necesidades educativas, sino artísticas pero, como toda obra de arte, proporciona conocimiento, experiencia, además de placer. En ese sentido, reivindica una literatura juvenil "lúdica, sensibilizadora, creadora, e instrumento de comunicación con el adulto". Emili Teixidor valora del mismo modo la literatura juvenil, afirmando que "la importancia de la literatura no radica en la moral que puedan contener, sino en el hecho de que, a través de sus lecturas, los jóvenes pueden desarrollar su identidad y escoger su lugar en el mundo. [...] La literatura, la ficción, es un elemento esencial para una comprensión completa de la realidad".

Respecto a la calidad artística de las obras para jóvenes, Pablo Barrena denuncia su progresiva degradación: "No hace muchos años se editaba y se leían obras de más nivel artístico que en el presente [...] se implanta, cada vez más, una narrativa planta, veloz, atenta sólo a distraer".

Sin embargo, Barrena señala que esta situación no debe llevar a los profesores a rechazar la literatura juvenil, sino a investigar entre los numerosos títulos existentes"porque todavía hay muchas aventuras que disfrutar en el terreno de lo juvenil"

Andreu Martín defiende la necesidad de que exista este tipo de literatura del mismo modo que cree necesaria cualquier otra forma de literatura popular: su objetivo es difundir la afición por la lectura, sin paternalismos, dejando que sea el propio lector quien desarrolle sus propios criterios.

Por encima de polémicas y posibles encasillamientos, Juan Cervera defiende la necesidad de contemplar la heterogeneidad de los adolescentes: "Más que establecer fronteras, hay que producir abundantes obras en las que se gradúen las dificultades, para que todos los lectores puedan escoger las que más se les acomoden".

Esto afecta, tanto a los autores, que deben conocer a fondo el mundo juvenil, como a los profesores, que han de ponerse al día en el conocimiento de la literatura juvenil y promover experiencias gratificantes en torno al libro. El conocimiento de las obras juveniles, por parte de los profesores y la necesaria atención a la diversidad en las propuestas de lectura, han de estar apoyados en actuaciones concretas de animación a la lectura.

"Se trata de conseguir que los niños y los jóvenes se hagan adictos a la lectura, pero no a la lectura infantil o juvenil. [...] No sólo se trata de leer más, sino de leer mejor sabiendo lo que se lee y eligiendo con sólido criterio lo que se va a leer. No sólo debemos formar buenos lectores, sino que debemos conseguir lectores de buena literatura".

El principal valor de la literatura juvenil es su accesibilidad: puede despertar el interés hacia la lectura, suavizando el "vértigo" de muchos adolescentes frente a lo impreso.

Esta importante cualidad no justifica el arrinconamiento del lector frente al espejo de su mundo, sino que puede ayudar al educador a abrir horizontes de lectura y proyectar al adolescente hacia nuevos ámbitos de estética y comunicación. El objetivo es "afinar el oído para percibir sus aspiraciones y abrir caminos imaginarios que puedan transitar con la ilusión de sentirse capaces de continuar la evolución de nuestro mundo hacia metas cada vez más humanas. En compañía de las palabras".

iDevice icon Para saber más ...

Delgado Gómez, Alejandro. Pero, ¿existe la literatura juvenil? En: CLIJ, Barcelona, 1996, nº 83. p. 22.

Barrena García, Pablo. Op. cit.

Hinton, Susan. Rebeldes. Madrid, Alfaguara, 1990.

Orquín, Felicidad. Literatura para jóvenes adultos.En: El libro español. Madrid, 1985, nº 319-320, p. 30-31.

Delgado Gómez, Alejandro. Op. cit.

Díaz, Luis. ¿Literatura juvenil? Sí, claro que sí. En: Acción Educativa, Madrid, 1989, nº 53, p. 9-11.

Teixidor, Emili. Literatura juvenil: las reglas del juego. En: CLIJ, Barcelona, 1995, nº 72, p. 8-15.

Barrena, Pablo. ESO? Lectura y literatura en la Enseñanza Secundaria Obligatoria.En: Delibros, nº 97, marzo 1997, p. 33.

Rodríguez, Emma. Lo juvenil en la frontera: colarse con gracia. En:Delibros, Madrid, 1992, nº 43, p. 37.

Martín, Andreu. ¿Por qué literatura juvenil? en: CLIJ, Barcelona, 1995, nº 72, p. 24-28.

Cervera, Juan. La literatura juvenil a debate. En: CLIJ, nº 75, 1995, p. 12-16.

Merino, Paciano. ¿Literatura clásica versus literatura de diseño? En. Peonza,nº 37, p. 22-23.

Teixidor, Emili. Op. cit.