La comunidad educativa: agentes y relaciones de comunicación

En todo proceso educativo, partimos de una realidad compleja, y es el hecho de que el alumnado aprende y madura gracias a los contactos e interacciones que tienen con los distintos entornos y personas con los que se relaciona. Y esto sucede tanto en casa, como en la calle o en la escuela. Nos va a ser muy difícil establecer unos límites que, para nuestro alumnado, no son reales.

Para reflexionar

¿Quiénes les enseñan? ¿De quién, cuándo y dónde aprenden? ¿Qué aprenden con más facilidad y por qué?

 

En su vida, no hay fronteras que le ayuden a situar o enmarcar lo que vive y aprende en cada contexto, todo se relaciona y se construye sobre lo que ya existe. Por eso, es importante que todos aquellos que tenemos algún papel en su formación y crecimiento estemos de acuerdo en lo que es bueno para él o para ella, y en lo que queremos enseñarle. Esto supone que los docentes o las familias dejemos de pensar que la escuela es el único lugar en el que ellos y ellas aprenden, y que los que tienen el papel de enseñarle son, fundamentalmente, sus profesores.

Para reflexionar

¿Cuál es el papel educador de la familia? ¿Y el de la escuela? ¿Y el de la comunidad? ¿Son independientes? ¿Lo deben ser?

En cada uno de nuestros alumnos, vamos a ir viendo cómo se va formando su personalidad con los valores, contenidos y, sobre todo, con el afecto que recibe de cada uno de los entornos en los que se mueve, sin que podamos, probablemente, diferenciar dónde los adquirió.

Trabajamos con personas muy especiales y, además, procuramos ayudar a que en ellas se dé un desarrollo armónico y equilibrado en todas las facetas de su persona y no sólo intelectualmente, ya que son todos ellos factores que interaccionan entre sí, enriqueciéndose y potenciándose mutuamente. En la medida de lo posible, este proceso debe ser generado por ellas mismas con nuestra ayuda, lo que hace especial cada caso y cada intervención.

En la Escuela Inclusiva , cada alumno es especial porque es él, con sus necesidades y características, y nos pide una respuesta particular. Esto es lo bonito del reto en el que nos embarcamos. Podemos dirigir estos logros hacia el desarrollo individual de cada alumno, utilizando sus potencialidades para enriquecerse, superar sus limitaciones y satisfacer sus necesidades. Entre dichas necesidades, incluimos el desarrollo de habilidades comunicativas, sociales y adaptativas, que le ayuden a participar de manera activa en los grupos sociales en los que está inmerso.

Dentro de la Escuela Inclusiva es fundamental, para dar respuesta a las necesidades del alumnado, que todos los miembros de su entorno y que forman parte de la Comunidad Educativa , mantengamos una relación de colaboración basada en la comunicación fluida, y desarrollemos una intervención coordinada y conjunta entre los profesionales, la familia y la comunidad a la que pertenecen nuestros alumnos.

Es importante no olvidarnos de los principales protagonistas de este proceso, los alumnos a los que atendemos, si queremos conocer su realidad, sus necesidades, gustos, características y momento que están viviendo. Tratar de atender y responder a todas y cada una de estas variables hace de nuestra escuela una Escuela Inclusiva.

La generación de estas sinergias y relaciones entre todos los miembros de la comunidad educativa implica la creación de nuevos espacios de encuentro, en los que los diferentes miembros tengan oportunidad de analizar lo que ocurre en la escuela, reflexionar sobre ello, valorarlo, opinar sobre el sentido y la orientación de las actuaciones futuras, y participar en la toma de decisiones consiguiente.

Para reflexionar

¿Cómo generar este espacio de encuentro y participación en nuestro centro?

Dadas las características de mis alumnos ¿es posible y/o conveniente dar participación a los alumnos? En caso afirmativo, ¿cómo dar voz a los alumnos?