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Técnicas de manejo de la conducta

Estas técnicas son procedimientos de manejo de refuerzos para poner en práctica en el aula. Sin embargo, pueden requerir asesoramiento previo desde el equipo de orientación. Si no tenemos experiencia o no tenemos claro cómo proceder, es mejor que pidamos ayuda.

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  • Refuerzo positivo y negativo: ésta es la técnica básica para incrementar la frecuencia de conductas deseables en cualquier niño/a. Cuando la conducta aparece, hemos de ofrecer la recompensa de manera inmediata, con un premio (refuerzo positivo) o con la retirada de algo que no quiera (refuerzo negativo). La sistematicidad es fundamental. Siempre que la conducta suceda ha de estar seguida del refuerzo. En el futuro, podremos reforzar intermitentemente y, finalmente, dejar de hacerlo. Si lo hemos hecho bien, la conducta se habrá convertido en hábito y perdurará en el tiempo. En el contexto educativo, esta técnica tiene que ir ligada a la idea que sostiene las metáforas del andamiaje (Wood, Bruner y Ross, 1976 citado en Coll, Palacios y Marchesi, 2004) o de participación guiada (Rogoff, 2006), de modo que vamos ofreciendo ayudas al aprendiz al realizar tareas en su zona de desarrollo próximo y, paulatinamente, ir retirándolas a medida que ganan autonomía. Así, el refuerzo juega un papel fundamental en este proceso, cada vez que el/la estudiante se aproxima a lo deseado.
  • Moldeado: en ocasiones existen conductas que es necesario que se expresen, pero que no hay visos de que aparezcan. En estos casos, en los que aparentemente no tenemos nada que reforzar, es cuando está indicada esta técnica. Deben detectarse conductas que sí se emiten y pueden ser un buen punto de inicio. También podemos forzar con nuestra acción a que aparezcan. Un ejemplo claro es la escritura. Todas las maestras y maestros que enseñan a escribir emplean esta técnica, consciente o inconscientemente. En un inicio, se refuerzan conductas iniciales (pintar palitos, circulitos y formas similares a las letras) y, poco a poco, podremos empezar a reforzar la escritura de letras y así progresivamente. El término forzar se refiere a cuestiones como coger la mano del aprendiz y empezar a hacer los primeros trazos o las primeras letras guiándole y, poco a poco, retirando las ayudas. Esta es una buena técnica para generar hábitos como el de revisar la mochila o la lista de deberes apuntados en la agenda. Puede que inicialmente nunca veamos esta conducta, pero si comenzamos a hacerlo y, paulatinamente, vamos dejándole ganar autonomía, retirando las ayudas y reforzando su conducta, posiblemente logremos un hábito.
  • Extinción: ésta es una técnica que busca eliminar la emisión de conductas desadaptativas. Consiste en detectar, analizar y eliminar los reforzadores de la conducta. Un ejemplo es la comisión de conductas disruptivas que son reforzadas por la atención recibida del profesorado (aunque ésta adopte la forma de reproche o castigo) y la atención y refuerzo social emitido por la audiencia, y el resto de compañeras y compañeros. La solución de esta situación consiste en retirar esos refuerzos. Un buen método es el tiempo fuera que explicamos más adelante. 
  • Economía de fichas: el objetivo de esta técnica es tanto fomentar las conductas deseables, como extinguir o reducir la frecuencia de las que no lo son. La técnica es una evolución de la primera. Consiste en sustituir la recompensa por fichas o puntos, de manera que estos se dan y se quitan en función de la conducta y que, finalmente, son canjeados por reforzadores (premios). La ventaja es que así se difiere la recompensa de modo que no detenemos el flujo de la actividad. En el aula, esta es una estrategia muy útil. Es importante la coherencia y sistematicidad, es decir, que esté claro lo que se premia y lo que se pena, de modo que siempre que se emita una conducta recogida en el código, ésta reciba su consecuente. Esto se traduce en que el alumnado perciba que nos tomamos en serio el método. Además, es importante que el tablero este visible y se repase de vez en cuando. 
  • Técnica de coste de la respuesta: consiste en retirar un reforzador positivo cuando la alumna o el alumno emita conductas desadaptadas. Se asemeja a lo que coloquialmente llamamos castigo. Sin embargo, es preferible retirar estímulos reforzadores que aplicar estímulos desagradables. Es de vital importancia la consistencia, es decir, aplicar el coste de respuesta siempre que se realice la conducta. Si bien, hemos de tener cuidado con esta técnica en el alumnado con TDAH. Debe intentarse que la pena impuesta no empeore la situación, sino que forme parte de la solución. Señalar que no debe confundirse hiperactividad con mal comportamiento, y quedarse sin recreo por esta causa no es adecuado. También es importante dejar siempre una puerta abierta al resarcimiento; por ejemplo, ante un conflicto entre iguales, la petición de perdón mutuo.
  • Tiempo fuera (time out): ante una conducta disruptiva, podemos retirar el ambiente que la sostiene. Una rabieta en el aula es un buen ejemplo, ya que en ocasiones está mantenida por el refuerzo social de la atención que proporcionan los y las compañeras. Sacar del aula al causante es la solución. Además, ofrece tiempo para pensar y desactivar emocionalmente al alumno o alumna. También ofrece tiempo al profesorado para tomar aliento y no cometer acciones irreflexivas. Esta técnica exige considerar ciertas cuestiones:
  • Quien sufre la sanción debe conocer de antemano el lugar, el tiempo, las conductas que la causan y, en general, cómo se procede. Si esto no es así, puede agravar la situación.
  • El tiempo fuera debe tener una duración proporcionada y no prolongada, dado que sería contraproducente para la adquisición de contenidos académicos. Se detendrá en cuanto consideremos que el o la alumna puede incorporarse al aula sin incidentes.
  • El lugar debe ser adecuado, no atractivo y apartado, para que no pueda seguir interfiriendo en la actividad el grupo; siempre debe ser el mismo y nunca un espacio que genere miedo.
  • Mientras, el resto del grupo debe seguir funcionando con total normalidad.
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Puede descargar la ficha "Estrategias para regular la conducta impulsiva" desde aquí (formato PDF)

  • Autoinstrucciones: ésta es una técnica de carácter cognitivo y que consiste en generar unas instrucciones autodirigidas cuando el o la alumna con TDAH se encuentra en una situación concreta. Sus usos son múltiples. Al seguirlas, ralentizamos la tarea y la descomponemos en pasos más pequeños. También nos permiten su aplicación generalizada a otras situaciones. Son fundamentales en la toma de decisiones (también conocida como resolución de problemas), en el control de la conducta impulsiva y principalmente ante conflictos, porque nos permiten reflexionar. Se enuncian mentalmente la serie de instrucciones previamente aprendidas de modo que, al seguirlas autorregulamos la propia conducta. También se recomiendan en el contexto de la solución de problemas, pues permiten generalizarlas a otras situaciones.
Aprender la secuencia de pasos y las preguntas que nos tenemos que hacer en cada una es fundamental. Un ejemplo en la resolución de un problema matemático sería:
  • Fase de familiarización: "¿De qué trata el problema? ¿Qué me piden? Voy a hacer un esquema/dibujo".

  • Fase de selección de técnicas: "¿Cómo lo puedo resolver?, ¿Qué estrategias conozco?, ¿He hecho ya algún problema como este?".

  • Fase de ejecución: "Me concentro y hago los cálculos".
  • Fase de verificación: "¿Tiene sentido el resultado?, ¿Habré realizado correctamente las cuentas?, Si tengo tiempo, voy a repasar".

  • Fase de autorrefuerzo: "¿Me ha salido bien?: me felicito. ¿Me ha salido mal? Tengo que fijarme más y repasar mejor la próxima vez".
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    Un buen ejemplo de autoinstrucciones es la técnica de la tortuga, orientada al control de la conducta ante situaciones de conflicto.

    Puede descargar la ficha "Técnica de la tortuga" desde este enlace (formato pdf)

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    Puede descargar la ficha "Autoinstrucciones en la solución de problemas" desde aquí (formato PDF)
    Una buena guía para el profesorado y, en la que nos hemos apoyado, es el texto Hiperactividad y trastorno disocial en la escuela. Guía para educadores (Salas et al., 2003). Sin embargo, reiteramos la necesidad de unos conocimientos sólidos y cierta práctica en el empleo de estas técnicas para asegurar su efectividad.

     

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