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Medidas de centro

Una vez establecido el máximo nivel de concreción del currículo, el siguiente nivel viene definido por el centro educativo. Muchas adaptaciones requieren de una perspectiva de sistema, distribuyendo recursos, tomando decisiones de gestión o coordinando acciones desde el equipo directivo y el claustro.

Cuatro son los principales documentos que rigen el funcionamiento de un centro escolar según la LOE: proyecto educativo, normas de organización y funcionamiento, programación general anual y proyecto de gestión. Hablaremos aquí de los tres primeros por ser los que interesan en referencia a la atención del TDAH desde el centro. En el Proyecto Educativo de Centro (PEC) incluiremos -entre otras muchas cosas- la filosofía del centro ante la atención a la diversidad, los recursos de que disponemos, las medidas que estamos en disposición de tomar, etc. En segundo lugar, tenemos la Programación General Anual (PGA), espacio donde se programa cada curso escolar. Aquí incluiremos la realidad que, en torno a los alumnos y alumnas con TDAH, tenemos este año, los recursos con que contamos y las medidas que emprenderemos para el curso presente. En tercer lugar, hemos de hablar de las Normas de Organización y Funcionamiento (NOF). En ellas se establece la gestión de la convivencia y la disciplina. Este es un tema importante y aquí se debe ajustar el modelo de disciplina a la realidad del alumnado con TDAH. En este documento también se incluye el protocolo de detección de dificultades del aprendizaje.

medidas centro

Así pues, algunas de las medidas que podemos adoptar en el centro son:

  • Gestionar la búsqueda de recursos y apoyos. Siempre que sea necesario asesoramiento y apoyo, se contactará con centros de profesores, asesores de la consejería, con la propia consejería de educación o con asociaciones de TDAH.
  • Organización del espacio, el tiempo y los recursos en general. Algunos ejemplos serían los desdobles o la asignación de apoyos. El centro deberá tener en cuenta los diagnósticos del alumnado con TDAH en el aula a la hora de gestionar sus recursos. Por ejemplo, un desdoble en matemáticas en un curso, donde existen múltiples diagnósticos de TDAH, es deseable. Otro ejemplo es la asignación de aula, podemos tratar de asignar aulas con menos elementos distractores a aquellos grupos con diagnósticos de TDAH.
  • Protocolo de actuación. Es vital que en el centro exista un claro protocolo de actuación definido en sus documentos. En el Plan de Atención a la Diversidad debemos dejar patente la secuencia de acciones que se siguen para detectar, comunicar y tratar las dificultades de aprendizaje, entre las cuales se encuentra el TDAH. La estructura básica será esta: las dificultades son detectadas inicialmente por los profesores y profesoras que han de transmitir la información al tutor o tutora. Es recomendable que existan espacios específicos de reunión del equipo docente. Una vez el tutor tenga las sospechas del profesorado, habrá de transmitirlas a los responsables de orientación, quienes deberán realizar una evaluación que confirme o no las dificultades específicas. Posteriormente, la información obtenida debe ser devuelta al tutor o tutora (necesitamos también espacios específicos de reunión entre orientación y encargados de tutorías) quien a su vez distribuirá la información y recomendaciones al resto del equipo docente cerrando el círculo. También deberá ponerse en contacto con la familia al inicio y al final del proceso. Ante los cambios (avances o retrocesos del aprendiz, comunicaciones con la familia, bajas de profesores que son sustituidas, etc.), será el tutor o tutora quien se responsabilice de volver a poner en funcionamiento el sistema y coordinar el traspaso de información. También debe procurarse un sistema de transmisión de la información curso tras curso.
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Puede descargar un diagrama de flujo del protocolo de actuación en centros escolares desde aquí (formato PDF)
  • Coordinación interna. Es importante, como se desprende de lo dicho hasta ahora, que se respeten los espacios y momentos de reunión entre los agentes implicados. El equipo directivo debe hacer un esfuerzo en este sentido.
  • Coordinación con otros centros educativos. Principalmente en el paso de Primaria a Secundaria, los centros deben procurar que la información recopilada y elaborada en el centro de primaria fluya hasta el instituto. Un diagnóstico en el colegio, con su correspondiente adaptación, debe ser conocido en el instituto desde el primer momento.
  • Gestión de la convivencia. La conducta hiperactiva e impulsiva que en ocasiones muestra el alumnado con TDAH hace que este sea un tema problemático. Este alumnado frecuentemente cae en círculos de castigos, malas notas, valoraciones negativas, expulsiones, etc. Si esto sucede, es evidente que estamos fracasando, pues generar una historia de este tipo no es nunca positivo para el desarrollo y el ajuste personal de una alumna o alumno. Recordemos aquí la función socializadora y de formación de ciudadanos responsables que tiene la educación y que expusimos en el tema anterior. Sintetizamos nuestra propuesta en torno a la convivencia y a la disciplina en:
  • Crear un sistema de gestión de la convivencia que emplee la mediación entre iguales, de manera que minimicemos los conflictos y, con ello, medidas tan drásticas como las expulsiones. Además, hacemos así del conflicto un espacio de aprendizaje, un lugar donde formar ciudadanos responsables y solidarios capaces de convivir. Hablamos de entender la convivencia y la disciplina como el aprendizaje de la democracia y la ciudadanía (Torrego y Moreno, 2003).
  • El patrón de disciplina que se propone para ellas y ellos consiste en una disciplina blanda para cuestiones de escasa relevancia y un patrón absolutamente inflexible y fuerte ante conductas graves de tipo violento, de falta de respeto o de incumplimiento flagrante de las normas. Recordemos que los castigos deben guardar proporción con la falta y con la edad de quien la comete. Por ejemplo, castigar por haber olvidado el material o por desatender en clase es un gravísimo error (recordemos que es parte de su trastorno) y, además, contribuye innecesariamente a generar esa historia de fracaso y mala conducta. Sin embargo, dejar de penalizar una falta de respeto al profesorado o a los compañeros y compañeras constituye también un error. Evitemos generar esa historia de fracasos y castigos que pesa como una losa en este tipo de alumnado y que puede llegar a hundirles (recordemos el efecto bola de nieve enunciado por Isabel Orjales).

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  • El castigo tiene un efecto muy escaso en este alumnado. Hemos de trabajar con el refuerzo de las conductas deseables y marcar aquellas que nos parecen inadecuadas. Sin embargo, tanto los castigos como los refuerzos tendrán una fuerza decreciente a medida que su aplicación se difiere. Si demoramos el premio o el castigo, como por ejemplo al decir "si te portas bien este trimestre te subo un punto en la nota final", no conseguiremos mucho. Su impulsividad y su falta de motivación intrínseca impiden que este enunciado guíe su actividad durante tanto tiempo. Deben reforzarse conductas pequeñas y muy frecuentemente. Propongámosle subirle una décima si trabaja bien esta semana. O mejor aún, ponerle un positivo si finaliza la tarea hoy, ya que se le ve especialmente agitado (recordemos: diez halagos por cada reproche).
  • Tengamos especial atención a los casos de bullying. Aquí el alumnado con TDAH es frecuentemente víctima, pero también, en ocasiones, verdugo.

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