Educación Inclusiva

Módulo 10: Desarrollo de los aprendizajes funcionales

Para pensar

No es un mero «ejercicio de filosofía», más o menos acertado, lo que intentamos expresar en este capítulo. Pueden no pasar de meros apuntes para la reflexión. Pero no quieren callar lo que es un grito: hay niños que no tienen la escuela que necesitan (aún cuando estén entre unos muros escolares), a la que tienen derecho. Estos apuntes, estas exclamaciones en voz alta, son un reto, una invitación con mayúsculas al compromiso, a una revolución de actitudes y de maneras, a una ruptura de ciertas cargas sociales que nos limitan, que aminoran nuestra ya dañada autoestima.

Es una necesidad de acción conjunta comprometida, fuerte, válida, desgarrada, arriesgada también, para nuestra labor educativa a personas cuyo curso evolutivo depende en gran medida del apoyo eficiente que les podamos prestar, que no pueden esperar, que siguen viviendo, aún cuando nosotros no actuemos. Los niños como Juan, niños ante todo, nos plantan de bruces ante nuestras impotencias y limitaciones, a veces incluso nos sirven para justificarnos nuestras desidias y cansancios, pero también nos lanzan sin compasión a revolver en nuestros más recónditos escondites, para encontrar coraje, valor para la acción de educar, moral y dignidad profesional.

En definitiva, nos obligan a tener una clara visión del educar y a configurar la misión de guiar su desarrollo con nuestro apoyo y nuestro respeto. La mediocridad no tiene hueco ante los ojos de Juan. Necesita una escuela, nos exige ayuda. Ese esfuerzo nos merece la pena a todos.

Amplía: lee el artículo completo «Una escuela para Juan». Luis Arbea Aranguren y Javier Tamarit Cuadrado

Cuando estamos frente a un niño, con independencia de su aspecto, sea cual sea su diagnóstico, hemos de pensar siempre que hay una persona, que vive, que siente, que quiere algo, que se divierte, que lo pasa fatal... Puede ser muy difícil apreciar cambios observables a simple vista. Puede ser que tardemos en alcanzar objetivos. Muchas veces quizá presentemos estímulos que no produzcan variaciones en el aprendizaje.

Un joven con discapacidad intelectual juega al fútbol

Todas las personas tienen derecho a crecer, disfrutar y enriquecerse a lo largo de su vida.
Fuente:
Observatorio estatal de la discapacidad. Autor: José Manuel Pérez.

 

Una de las claves para el éxito es no justificar de ninguna manera la falta de desarrollo del niño porque tiene un trastorno, y continuar haciendo «lo que siempre hemos hecho y funciona con la mayoría» sino indagar, ser creativos, aprender técnicas nuevas, y reflexionar continuamente acerca de nuestras actuaciones. Todos los niños y niñas, con independencia de sus diferencias individuales y  de su grado de discapacidad, pueden y deben enriquecerse a lo largo de su vida. Es nuestra responsabilidad como maestros y maestras proporcionar un entorno rico y adaptado a las necesidades de cada uno de ellos.

Desde este punto de vista, los aprendizajes no dependen tanto del alumno o alumna como de nuestra capacidad de diseñar entornos motivantes, con objetivos funcionales y actividades cargadas de significado. Porque sabemos que de alguna manera su cerebro recoge los estímulos, porque siempre hay alguna posibilidad de movilizar los circuitos neuronales. Si por el contrario lo que sentimos es que estamos con un alumno que no puede, que no sabe, planteándonos su aprendizaje desde expectativas muy bajas, le estamos transmitiendo nuestra misma frustración, y que no vale la pena el esfuerzo.

Si has leído los módulos anteriores habrás tenido  oportunidad de hacerte una idea del modo particular en que las personas con TEA comprenden el mundo. A lo largo de este último módulo trataremos de ofrecerte algunos procedimientos prácticos para enfocar la enseñanza específica de habilidades cognitivas dirigidas hacia el acceso del alumnado con TEA al currículum oficial, describiendo enfoques didácticos que permiten que los patrones de aprendizaje de estos alumnos y alumnas, desviados desde un punto de vista evolutivo,  se ajusten al grupo en la medida de lo posible. No hay aquí fórmulas mágicas ni recetas, puesto que cada adaptación ha de ser individualizada y partir de los intereses, puntos fuertes y necesidades de tu alumno o alumna.