Educación Inclusiva

Módulo 8: Intervención en Sordoceguera

Etapa presimbólica

Etapas

El alumnado va pasando por diversas etapas en el proceso de interacción (McInnes y Treffry, 1988):

Niveles

Una vez que se ha desarrollado un vínculo afectivo entre la persona adulta y el alumno y éste se siente seguro y cómodo, se puede comenzar a trabajar, con estos niveles de relación (siguiendo la «Teoría del movimiento», de Van Dijk):

Resonancia

Se trabaja con el niño como si fuéramos una unidad. Utilizamos sus movimientos o estereotipias, para conseguir llamar su atención. Nos movemos junto con el niño para acercarle al mundo que le rodea. Le presentamos los objetos de forma ordenada, dándole tiempo y atendiendo a cualquier intención comunicativa para establecer diálogos no verbales: por ejemplo, la persona adulta hace algo, el adulto responde con algún cambio y se produce una reacción ante ese cambio. Comprende que sus acciones tienen consecuencias y puede influir sobre el entorno.

Van Dijk propone «actividades de resonancia», para que la persona adulta entre en el mundo infantil, a través de sus movimientos (balanceos, estereotipias…) Así, el niño o la niña aprende a tolerar los movimientos en contacto directo con la persona adulta. Los dos se mueven juntos, como una sola persona.

Por ejemplo, una alumna y un adulto inician juntos un rítmico balanceo. De pronto, éste se para y la alumna probablemente emita una señal (un movimiento, un cambio muscular…) que revela que quiere continuar el movimiento. El diálogo es: «yo me muevo, tú te mueves; yo me paro, tú te paras; tú te mueves, yo me muevo».

El adulto responde a esa señal continuando con el movimiento. Es decir, se inicia la comunicación y la niña comprende que con sus acciones  establece relaciones con otras personas. La niña aprenderá que hay personas y objetos para interactuar. Poco a poco, se puede ir aumentando el nivel de exigencia.

Coactividad

Ambos, alumno y persona adulta han empezado a desarrollar un diálogo no verbal. Se van repitiendo los movimientos aumentando la distancia y el espacio, y vamos introduciendo variaciones en el ritmo y secuencia del movimiento. Nos movemos ahora en forma paralela (al lado del niño), coactivamente). El niño comienza a tener iniciativa, a utilizar sus propios signos e incluso otros que le vamos enseñando: señal para parar, señal antes de empezar. La comunicación es efectiva.

Las actividades estarán relacionadas con la vida cotidiana, por ejemplo, guardar el material después de utilizarlo, colocar la ropa en el armario, etc. El adulto es el modelo del alumno o de la alumna y así se favorece la imitación.

Referencias representativas

El objetivo es descubrir la representación simbólica para motivar la interacción comunicativa.

En este nivel se utiliza el calendario para anticipar las actividades. El objetivo es ordenar la actividad diaria de alumnos y alumnas.

Los calendarios pueden ser de distinta forma en cuanto al soporte y deben estar destinados sólo para este uso (una caja con departamentos, una estantería con cestas, una mesa con cajitas). Se colocan en las cestas o cajas, de forma ordenada, varios objetos que van a representar las actividades que se van a realizar. Los objetos, al principio, son tridimensionales, objetos reales, después simbólicos o, incluso, materiales bidimensionales, como fotos, dibujos, o letras) todo ello, en función del nivel del niño o la niña.

La idea es proporcionar un marco de referencia para anticipar las actividades que se van a realizar a lo largo de la jornada, y el repaso de las mismas una vez terminadas. Se utilizan para organizar el tiempo en la mente de la persona.

Por ejemplo, se empieza la jornada escolar examinando juntas, alumna y mediadora, los distintos elementos que representan las actividades a realizar ese día, por ejemplo, una cinta (para psicomotricidad), una cuchara (para el desayuno), una pelota (para salir al recreo), una pieza de madera (actividades de mesa), un plato (para la comida), etc. Se trata de anticipar las actividades que van a realizarse a continuación. Después de repasar uno a uno todos los objetos, se vuelve a retomar el primero, y se empieza la primera actividad. De esta forma, el calendario anticipa las actividades y se convierte en sí mismo en un elemento de comunicación.

El calendario se puede ir complicando progresivamente, sustituyendo los objetos tridimensionales por otros, cada vez más abstractos, pero conservando la forma y la organización, que aportan seguridad y confianza al alumnado. El calendario cumple una importante función comunicativa, ya que simboliza actividades compartidas de las que poder hablar. Su capacidad simbólica se irá enriqueciendo e irá consiguiendo la permanencia del objeto. Al final de cada actividad aprenderá a hacer la señal final de «acabar» la actividad.

Referencias no representativas

El objetivo es desarrollar la representación simbólica y la comunicación. Niños y niñas se comunican de forma no verbal con el entorno cuando reconoce objetos, personas o acciones por signos o señales y cuando ejecuta tareas o solicita objetos o actividades, utilizando para ello muñecos o dibujos. Inicia la imitación porque el niño observa al adulto e interioriza lo observado, aprendiendo cómo se hacen las cosas y comunicándose.

Por eso es importante utilizar señales táctiles, para ayudar al niño a anticipar mediante referencias no representativas (por ejemplo, para indicar la presencia de alguien por medio de una señal) Ahora, podemos sustituir los objetos representacionales por elementos más abstractos como fotos (si la persona posee resto visual), o dibujos en relieve, palabras en tinta o braille.

Poco a poco, irá utilizando gestos naturales, como parte del desarrollo natural. Se enseña a asociar el objeto o la actividad al gesto natural. Una vez que aprende a utilizarlo, se puede ir transformando gradualmente hasta llegar a signos convencionales o lengua de signos.

Practica: Ejemplo de intervención: Diseña, explicando las razones, cómo intervendrías con una niña situada en el nivel de referencias representativas.

Respuesta: (pasar por encima)

El objetivo es que la niña se comunique. Para lograrlo, le ofrecemos información de lo que vamos a hacer en cada momento, anticipar las actividades para comprender y prepararse para lo que va a suceder.

Es necesario estructurar su entorno (tanto en casa como en el centro escolar). Si la niña conoce el entorno, se siente segura y puede empezar a tener algún control sobre su mundo.

La estructuración del entorno implica adaptar los elementos y proporcionar a la niña la información necesaria para prever las situaciones. Por ejemplo, antes de empezar una actividad, la persona mediadora se presenta, siempre de la misma forma (con su seña, una característica personal –gafas, pelo rizado, broche-, o un gesto –palmada, soplido, perfume-) La niña empezará a relacionar estas señales con la persona y la actividad.

Para que la niña comprenda el entorno, debe poder anticipar los acontecimientos que se van a producir a lo largo del día. Para ello, utilizamos un calendario, que nos va a servir para reforzar la comunicación.

Ofrecemos a la niña un calendario, por ejemplo, con pequeños paneles que colgamos de la ventana, para que los pueda explorar cómodamente. En cada panel, pegamos el objeto o representación de la actividad. En primer lugar, recorreremos de izquierda a derecha, uno a uno, todos los paneles para anticipar las actividades que se van a realizar durante la jornada. El primero es una mano en relieve, que representa el saludo inicial al empezar el trabajo en el aula. El siguiente, un punzón, que representa la tarea en la mesa. A continuación una pequeña linterna nos simboliza los ejercicios de estimulación visual. Luego, un columpio para simbolizar el recreo y un plato de plástico para la hora de la comida. Una vez la niña ha repasado los elementos, volvemos al primero para llevarlos a cabo, uno por uno. Del mismo modo, al terminar, realizaremos un repaso de las actividades de la jornada recorriendo de nuevo los paneles.

El calendario se puede ir complicando progresivamente, de forma que la organización le aporte seguridad y confianza en sí misma. El calendario cumple una importante función comunicativa, ya que simbolizan actividades compartidas de las que poder hablar. Su capacidad simbólica se irá enriqueciendo e irá consiguiendo la permanencia del objeto. Al final de cada actividad aprenderá a hacer la señal final de «acabar» la actividad.