Educación Inclusiva

Módulo 6: Autonomía personal

Adquisiciones previas

Para alcanzar con éxito los objetivos de la enseñanza de OYM y HVD son necesarias unas capacidades mínimas.

Desarrollo psicomotor

Los aspectos motores en el alumnado con discapacidad visual son importantes para conseguir una movilidad independiente y segura, para controlar el entorno, para establecer relaciones espaciales correctas, mantener un buen tono muscular, desarrollar un buen autoconcepto y un buen funcionamiento del organismo.

La psicomotricidad fina (Ej. escribir) y la gruesa (Ej. gatear) son dos aspectos que hay que trabajar con el alumnado con ceguera para que consigan una desarrollo motor adecuado. Fuente: Banco de imágenes del ITE

Lo primero que el alumno o la alumna debe conseguir en una postura correcta, tanto estática como dinámica. Todas las partes del cuerpo deben estar dispuestas para el mantenimiento del equilibrio. Se deberá trabajar: la corrección de la marcha y la postura, la correcta alineación vertical, la disposición adecuada del peso con respecto a las articulaciones del cuerpo, el conocimiento del entorno, el equilibrio, la memoria muscular y el tono muscular.

En niños y niñas con discapacidad visual son habituales las posturas incorrectas, sobre todo en los casos de ceguera congénita, porque no pueden, de forma espontánea, modelar su postura y movimientos viendo a los demás, ni pueden imitarlos.

Por ejemplo, si una niña está de pie habría que vigilar la postura. Puede que tenga la cabeza inclinada, los hombros y el tronco hacia atrás, las extremidades superiores hacia delante y las piernas con una base de sustentación amplia, con los pies muy abiertos para mantener mejor el equilibrio.

Con respecto a la marcha, es posible que mantenga una anchura excesiva entre los talones que hace que disminuya la longitud del paso y cambie el centro de gravedad; puede caminar de puntillas, con rebote; la postura del cuerpo puede estar hacia adelante o hacia atrás, en un intento de protegerse de los obstáculos y la cabeza inclinada hacia adelante o basculante; no suele haber braceo (quizá, porque no es habitual el gateo); los brazos hacia adelante para protegerse y suelen deslizar los pies.

Cuando la niña está sentada, la pelvis suele estar demasiado curvada y los pies no llegan al suelo; las caderas más bajas o al mismo nivel que las rodillas y los pies sin apoyo; la espalda arqueada hacia adelante sobre la mesa; suele sentarse incorrectamente, al borde de la silla; los hombros demasiado altos y echados hacia delante y la cabeza inclinada hacia delante o hacia atrás; además suelen estar rígidos, estáticos y con movimientos estereotipados.

Para solucionar estos problemas es necesario que el asiento sea lo más plano posible; las caderas deben quedar ligeramente por encima de las rodillas. La altura de la silla deberá ser la justa para que le permita llegar al suelo con los pies (si esto no es posible, es necesario colocar un cajón bajo los pies, como punto de apoyo). La altura de la mesa quedará entre los hombros y la cintura, con una distancia a la superficie de trabajo, que permita apoyar los codos. Es necesario dar indicaciones verbales y táctiles que recuerden la posición correcta.

Para evaluar la postura de pie se observa al alumno o la alumna de lado y con una plomada se comprueba el alineamiento del cuerpo. De espaldas, podemos comprobar la simetría de hombros y caderas. Observaremos también la base de sustentación de los pies.