Educación Inclusiva

Módulo 4: Adaptaciones curriculares

Organización del centro escolar

Organización del aula

El alumno debe conocer la distribución del aula, la situación de puertas, ventanas, pizarra, mesa del profesor, ubicación de cada alumno, percheros, armarios, tomas de corriente y de todos los muebles y elementos del aula.

Se deberá evitar en lo posible los cambios de ubicación de los elementos y, en caso de que sea necesario reorganizar el aula, advertir al alumno.

Es necesario que todo esté ordenado, evitando que haya materiales (mochilas, libros, etc.) por el suelo o mesas y sillas fuera de su lugar, que puedan ocasionar inseguridad o accidentes al alumno en sus desplazamientos.

vista global de un aula de educación infantil con todos los materiales y mobiliario ordenados

Las aulas deben estar ordenadas para garantizar la seguridad en los desplazamientos del alumnado con discapacidad visual. Fuente: Banco de imágenes de  la ONCE.

Uso del lenguaje

Queremos hacer referencia en este epígrafe a un aspecto que, en ocasiones, pasa desapercibido y no se le da la debida importancia. Es el lenguaje que empleamos a la hora de hablar sobre la discapacidad. El lenguaje no es neutral y a través de él se transmite, a veces, inconscientemente, la exclusión o la marginación.

El lenguaje influye en nuestra percepción de la realidad y pensamiento y determina la imagen que tenemos de las cosas. Esto es aún más importante cuando lo utilizamos indebidamente ante los alumnos. Con el lenguaje también educamos. Las palabras con las que hace años nos referíamos a las personas con discapacidad han evolucionado mucho. Ya no son «políticamente correctas» expresiones utilizadas antiguamente como «minusvalía», «incapacidad», «anormalidad», «invalidez» u otros calificativos que, ahora, incluso, nos pueden resultar peyorativos.

Se trata, por tanto, de utilizar palabras correctas y evitar términos con connotaciones negativas. Así, por ejemplo, preferimos utilizar el término «discapacidad» al de «minusvalía». Discapacidad indica no poder realizar algunas funciones, mientras que minusvalía supone una depreciación de la persona.

Por otro lado, es conveniente anteponer la palabra «persona» a la discapacidad. Es decir, es preferible hablar de «persona con sordera» o «personas sordas» a decir «sordos». Debemos evitar usar la palabra «normal» cuando se compara con personas con discapacidad (mejor decir «personas sin ceguera» que «personas normales», o emplear palabras que implican que la discapacidad es algo negativo como por ejemplo «padecer o sufrir ceguera».

Desde 1985, el Real Patronato sobre Discapacidad ha sido el impulsor del cambio de lenguaje para referirnos a las discapacidades, lenguaje a utilizar tanto en los medios de comunicación, en la documentación educativa y, por supuesto, en la escuela.

Es decir, es conveniente «evitar el lenguaje discriminatorio y estigmatizante que pone el énfasis sobre la discapacidad por delante de la condición de persona… el lenguaje es la herramienta que condiciona la opinión sobre la realidad». (Real Patronato, 2006)