Educación Inclusiva

Módulo 3: Desarrollo evolutivo

Desarrollo psicomotor

Diversos estudios demuestran que el desarrollo psicomotor es la base para el aprendizaje, el desarrollo intelectual y la madurez del sistema nervioso. Si el niño recibe una adecuada estimulación, se evitan retrasos psicomotores y se contribuye al desarrollo del esquema corporal, la adquisición de la marcha, la prensión, la organización del espacio y del tiempo, el aprendizaje de posturas adecuadas, la orientación espacial, autonomía personal...

Al nacer, todos los niños tienen los mismos reflejos. El niño que ve, gracias a la  estimulación ambiental, desarrolla de forma espontánea su psicomotricidad; el niño con discapacidad visual, por el contrario, presenta cierto retraso en su desarrollo motor, a causa de la falta de visión, sobre todo en aquellas actividades ligadas al movimiento.

La falta de información visual afecta, por tanto, al desarrollo de la movilidad porque el niño tiene menos estímulos que motiven su movimiento, un menor control del equilibrio, la imposibilidad de imitación visual, cierto miedo a golpearse con los obstáculos y, en ocasiones, un ambiente excesivamente sobreprotector.

Por todo lo anterior, la evolución psicomotriz del niño con discapacidad visual experimenta cierto retraso con respecto a la de los niños videntes. Así, por ejemplo, aprenderá a sentarse sin ayuda a los 12 meses, y comenzará a caminar a los 24 meses.

Es importante, motivar al niño por medio del juego para que aprenda a mantenerse sentado, sujetarse lateralmente, cambiar de postura (de boca a bajo a boca arriba y viceversa), avanzar reptando, ponerse de rodillas o caminar con ayuda.

un bebé con discapacidad visual juega mientras un adulto le ayuda a mantenerse sentado

El juego es un elemento clave par motivar a los niños y trabajar el desarrollo psicomotor. Fuente: Banco de imágenes de la ONCE

Para enseñarle a caminar, conviene facilitarle muebles o apoyos a su altura para que se sujete de pie y para que le sirvan de referencia. También es conveniente colocar sus pies sobre los nuestros mientras caminamos, para que interiorice el movimiento. También le ayudaremos tomando al niño de las manos y ayudándole a que controle el espacio y se sienta seguro, ofreciéndole correpasillos o lugares donde sujetarse. El niño suele tener miedo a estos desplazamientos autónomos, pero la actitud del adulto, respetando su ritmo y reforzando cualquier avance, le ayudarán a superar el miedo hasta conseguir caminar con independencia. 

El niño debe aprender a reconocer el espacio y las cosas que hay en él, proporcionándole un entorno ordenado y seguro. Hay que enseñarle (como a todos los niños) qué cosas pueden ser peligrosas (enchufes, horno, radiadores, escaleras, productos de limpieza o medicamentos)  La falta de estimulación y la sobreprotección pueden condicionar el desarrollo, motor general y un escaso control del ambiente, por lo que el niño no desarrollará una marcha coordinada y segura, podrá presentar estereotipias, dificultades para comprender la distancia, el movimiento, el tiempo, escasa interacción social y deficiente adquisición de la imagen corporal. Será necesario, por tanto, poner en marcha programas de atención temprana.

Por otro lado, la utilización de las manos también estará menos desarrollada. Al principio utilizan cada mano por separado, pero es necesario que aprenda a utilizar de forma coordinada las dos manos (coordinación bimanual). Para ello, es conveniente motivarle para que junte las manos en la línea media, por lo que le pondremos objetos sobre su pecho. También son útiles enseñarle a «dar palmitas», golpear juguetes, tocar el tambor, apretar juguetes que suenen o pulsar teclas o botones que producen efectos sonoros. Esto también ayuda al niño a entender que sus acciones provocan efectos en los objetos, algo importante en su desarrollo.

Con respecto al gateo, es necesario comentar que no resulta motivador para los niños sin visión, ya que tienen que utilizar las manos, que es el medio que emplean para explorar, les da sensación de desprotección y no tienen estímulos visuales que les provoquen desplazarse. No es conveniente obligarles, pero sí es útil ayudarles porque es beneficioso para el desarrollo de su musculatura y desarrollo. También es conveniente que aprendan a guardar el equilibrio al agacharse y ponerse en cuclillas.

Para el niño, una forma de percibir y conocer los objetos será por medio del tacto, por lo que es importantísimo despertar en ellos el placer de tocar y enseñarles a explorar táctilmente. Autora: Rocío Guil.

La presión palmar y la pinza con tres dedos (índice, corazón y pulgar) aparecen más tarde. Para el niño, una forma de percibir y conocer los objetos será por medio del tacto, por lo que es importantísimo despertar en ellos el placer de tocar y enseñarles a explorar táctilmente. A través de las manos el niño sin visión comprenderá la «permanencia del objeto» (es decir, que las personas y las cosas siguen existiendo aunque no estén a su alcance) Para ayudarle en este importante proceso, debemos aproximar su mano al objeto cuando se le caiga o lo busque, no llevar el juguete a dónde está el niño.

También aprenderá a través del tacto a utilizar los objetos, las características de los rostros, los conceptos básicos, las relaciones espaciales y su esquema corporal.

Con ceguera es más difícil recoger y procesar la información ambiental. Un bebé vidente aprende enseguida a ver, a coger y manipular objetos del ambiente. Para un bebé con ceguera, los objetos no existen a no ser que casualmente los toque.

El niño ciego tiene más dificultad para percibir su cuerpo. Es básico, pues, que identifique las partes de su cuerpo y los movimientos corporales, discriminar izquierda-derecha, que ejecute diferentes movimientos corporales y que sepa determinar los movimientos en otra persona a la que está tocando, que entienda la situación de los objetos con respecto a su cuerpo, de la izquierda y derecha de su cuerpo y del de otra persona, la ubicación de objetos con respecto a su cuerpo y de su cuerpo con respecto a los objetos.

A lo largo de los primeros 4 años, el niño adquiere conciencia espacio-temporal, por lo que, poco a poco, irá siendo capaz de anticipar lo que va a ocurrir (aseo, alimentación, sueño…), de relacionar los ruidos que le permitan conocer qué va a pasar a continuación y así los cambios serán más agradables. Si el niño está con nosotros mientras le preparamos su baño (escucha el ruido del agua, el olor del jabón, la textura de la esponja …) y se lo verbalizamos, será más agradable la inmersión en el agua que si le introducimos en la bañera sin avisar.

Cuando el niño no tiene estímulos suficientes o, por el contrario, le sobreestimulamos, pueden aparecer estereotipias motrices (acciones repetitivas, que no responden a ningún objetivo determinado -balanceo del tronco, presión del ojo con la mano, aleteos- o hábitos verbales, como repetición automática de palabras o frases muy cortas sin esperar respuesta, comportamientos rígidos y limitados utilizados como pauta de respuesta social)

Algunos autores explican estas estereotipias tan típicas de los niños con discapacidad visual porque hay un desfase entre su madurez neurológica (que en principio le permitiría realizar más movimientos) y el retraso en la movilidad o la falta de motivación para moverse, ya que no ve el entorno y no le atrae nada de lo que hay fuera, porque no lo ve.

La existencia de retraso en la movilidad es una consecuencia relacionada con la discapacidad visual. Los objetos no existen a no ser que entre en contacto con ellos. Y su única forma de percibir los objetos que no están a su alcance es mediante el sonido que emiten.

Resumiendo, la falta de estimulación y la sobreprotección impiden un desarrollo adecuado, con las siguientes consecuencias:

A continuación, ofrecemos algunas pautas generales que pueden ser útiles a la hora de trabajar el desarrollo psicomotor con los niños con discapacidad visual:

Con la educación psicomotriz desarrollamos el movimiento corporal, fortalecemos los músculos para que el niño consiga una buena postura y equilibrio. Además, contribuimos al desarrollo social y psicológico del niño, ya que aprende a controlar los blindismos y estereotipias, adquieren antes conceptos espaciales, se desarrolla la «memoria muscular», la conciencia corporal, la capacidad de desarrollar conceptos por medio de los otros sentidos y, por último, se fomenta la adquisición de una autoestima adecuada.

Por tanto, es necesario que desde el primer momento, también la familia en la casa, se realicen actividades relacionadas con la estimulación auditiva y psicomotora del niño con discapacidad visual: dar palmas, escuchar música, mover sus manos y piernas, estimular el gateo, la marcha, etc.