Fundamentos de la Educación de Personas Adultas

Módulo 3 : Fundamentos pedagógicos de la educación de personas adultas

La andragogía

Insuficiencias

 
Una pregunta que se presenta intermitentemente a lo largo de la historia de la corriente andragógica es la siguiente: ¿Son las características del aprendizaje que los teóricos de la andragogía atribuyen a los adultos exclusivas de los adultos o también pertenecen a los niños y a los jóvenes?

La cuestión que subyace es la de si los planteamientos diferenciadores que se atribuye para sí la andragogía no son en realidad comunes a cualquier aprendizaje y propios por lo tanto para ser estudiados en una teoría del aprendizaje en general.

MODELO PEDAGÓGICO
MODELO ANDRAGÓGICO
El profesor decide con pleno derecho lo que se aprende, cuando, cómo y si está o no asimilado por los alumnos. Los objetivos también los fija el profesor.
El adulto decide lo que quiere saber o lo que le interesa saber y es libre para buscar donde, cómo, con quien y para qué aprender.
Los alumnos solamente necesitan saber, para triunfar y progresar académicamente, lo que el profesor les enseña.
Los adultos necesitan saber, para triunfar en la vida, más cosas de las que el profesor les enseña.
Los alumnos no tienen necesidad y a veces no quieren saber más que lo que el profesor les exige o lo que viene en el manual.
El profesor exige a los alumnos 
Los adultos quieren aprender más que lo que el profesor les enseña.
Los adultos exigen al profesor.
El concepto del alumno es de dependiente. Su aprendizaje depende de la enseñanza.
Su identidad social depende de su actividad como estudiante.
El adulto es una persona autónoma. Su aprendizaje depende, además de la enseñanza, de su propia experiencia, de lo que le comunican sus compañeros, de las informaciones que recibe fuera del marco académico. Su identidad social no depende sólo de su participación en procesos de aprendizaje.
La experiencia del alumno es poco útil para el aprendizaje.
El aprendizaje y la enseñanza giran en torno a respuestas
.La enseñanza gira en torno a “productos” terminados.
La experiencia del adulto es un elemento fundamental para construir su aprendizaje.
El aprendizaje y la enseñanza giran en torno a preguntas.
La enseñanza gira en torno a procesos a continuar.
El alumno acumula aprendizajes y conocimientos para aplicarlos posteriormente
El adulto pretende “aplicar” inmediatamente los aprendizajes.
Los alumnos orientan su aprendizaje en torno a un tema. Se trata de conocer cosas sobre algo concreto, definido y simplificado.  El aprendizaje se organiza lógicamente en torno a los contenidos.
Los adultos  orientan su aprendizaje en torno a problemas. Se trata de aprender a resolver situaciones conflictivas y complejas. El aprendizaje se organiza  en torno a problemas.
El alumno radica sus motivaciones en  el exterior: notas, presiones familiares, simpatía o antipatía del profesor, a veces hasta castigos o premios ...
El adulto radica sus motivaciones en el interior de una situación en la que se encuentra: solucionar un problema personal o social, aprender a moverse en una situación compleja, dar sentido a la vida ...

Ante esta problemática ya conocida por Knowles, éste matiza el uso y el significado del término andragogía cuando dice:

Estas definiciones no implican que haya que enseñar a los niños pedagógica y a los adultos andragógicamente. Ambos términos sólo distinguen entre dos conjuntos de supuestos acerca de los estudiantes; el profesor que adopte uno de esos grupos de supuestos enseñará pedagógicamente, ya sea que trabaje con niños o con adultos, y el que adopte el otro grupo lo hará andragógicamente, sean sus alumnos adultos o niños (Knowles, 1982: 21).

Algunos educadores de adultos no parecen haber situado las características propias del aprendizaje adulto en un marco teórico general del aprendizaje, produciéndose una diferenciación y distancia indebida entre determinadas características de aprendizaje infantil y el aprendizaje de las personas adultas. A nuestro juicio, y como ya insinuaba Knowles, muchas de las características que los andragogos atribuyen exclusivamente al aprendizaje adulto son desde el punto de vista teórico, ético y epistemológico, injustificables. Veamos esto despacio.

Epistemológicamente los andragogos llegan a la conclusión, a partir de la observación de procesos de aprendizaje con personas adultas, de que el aprendizaje adulto se caracteriza por  su participación activa en el aprendizaje, su voluntad de aprender, su necesidad de saber, etc. Pero, nos podemos preguntar, ¿es que estas mismas características no se pueden observar en los procesos de aprendizaje de niños y adolescentes? Si analizamos las investigaciones de Piaget, Bruner y Ausubel sobre el aprendizaje, por citar solamente los más conocidos en la psicología del aprendizaje infantil, nos daremos cuenta de que la mayor parte de las características que el discurso andragógico reserva a los adultos juegan un rol fundamental en el aprendizaje de los niños y adolescentes.

Las investigaciones de la escuela de Piaget sobre el conflicto sociocognitivo ponen en evidencia la importancia de las interacciones sociales  en el proceso de aprendizaje de los niños y adolescentes. Es verdad que la trayectoria personal y social de los adultos tienen una importancia capital en su proceso de aprendizaje, pero esta importancia no lo es menos en los niños. Desde este punto de vista podemos afirmar, sin necesidad de detenernos en el estudio de las teorías del aprendizaje en general, que pretender atribuir solamente a los adultos algunas características del aprendizaje general, como las citadas por los andragogos, puede resultar hoy poco menos  que  ridículo, al dar por supuesto implícitamente el desconocimiento de los últimos estudios sobre el aprendizaje general.

Figura 3.10 La trayectoria personal y social tanto de niños como de adultos es vital en el proceso de aprendizaje.

La trayectoria personal y social tanto de niños como de adultos es vital en el proceso de aprendizaje.

No podemos seguir afirmando alegremente que los adultos aprenden activamente y los niños no, que los adultos están interesados en el aprendizaje pero los niños no, que los adultos intervienen en la construcción significativa del aprendizaje y los niños no... y así sucesivamente. Afirmaciones de este tipo pueden ser un síntoma de fijación en los esquemas más arcaicos de la psicología precientífica sobre la infancia.
 
Tampoco, desde el punto de vista ético, podemos hacer estos planteamientos de enfrentamiento entre pedagogía y andragogía. Atribuir en principio las características positivas del aprendizaje a los adultos y las negativas a los niños es éticamente incorrecto. No podemos mantener un concepto tan negativo de la infancia que pueda servir para justificar la aplicación a los niños de determinados procesos de aprendizaje autoritarios e insignificativos, en los que ellos no tengan participación y cuyos aprendizajes no les sean personalmente ni significativos ni interesantes.

Un concepto negativo de la infancia y un conocimiento precientífico de su proceso de aprendizaje, podría conducirnos a legitimar en las prácticas docentes infantiles algo que paradójicamente no lo sería en los procesos adultos, como si todas las personas, independientemente de su edad, no merecieran la misma dignidad en los procesos de aprendizaje. Lo cual sería, además de peligroso, muy discutible desde el punto de vista de los planteamientos éticos.