Agentes de la Educación de Personas Adultas

Módulo 2 : Tipología y funciones

Introducción

Hablar de los agentes personales de la intervención educativa con personas adultas resulta arriesgado, pues significa desplegar un abanico enorme de distintos tipos de agentes que están implicados en ella.

En el desarrollo de este módulo vamos a centrarnos en los agentes de la intervención educativa tanto en la educación formal, como en la no formal y en la informal. Así como en las específicas funciones que deben abordar los distintos tipos de agentes personales.

En primer lugar habría que precisar que por agentes personales entendemos a todos aquellas  personas que intervienen en el proceso educativo, diferenciando a aquellos agentes que lideran dicho proceso y a los agentes que participan en él. Esto no significa que todos ellos dejen de ser protagonistas en la intervención educativa.

Este planteamiento nos obliga a diferencia loss tipos de “agentes líderes” (profesionales, voluntarios,...), y los tipos de “agentes participantes” (destinatarios de las intervenciones: alumnos, profesionales, socios...)

En este módulo vamos a centrarnos en los agentes que lideran principalmente, tratando de desarrollar por una parte la diversidad existente, y por otra las características que precisan sus diferentes tipos de intervención.

Desde hace tiempo se ha entendido mayoritariamente que no era necesaria una preparación y una formación previa  y específica para realizar un trabajo educativo con personas adultas. De esta forma, la formación profesional previa, la experiencia acumulada o la predisposición manifestada suponen capaz a cualquier persona para desempeñar funciones de educador de personas adultas sin muchos requisitos adicionales.

En la actualidad es fundamental el capital humano responsable de la actividad educativa para el buen desarrollo del proceso de enseñanza - aprendizaje.

El planteamiento que vamos a desarrollar en este módulo, se basa en la necesidad de contar con agentes actores preparados y conscientes para ejercer su función con personas adultas. No se trata de establecer aquí los requisitos previos de esta preparación, ya que cada sociedad, y cada contexto determinará los caminos por los que  sus agentes acceden y se capacitan para realizar sus funciones.

No obstante, sí trataremos de establecer algunas condiciones comunes que estos agentes tienen que cumplir a la hora de realizar  procesos de enseñanza-aprendizaje eficaces, que cumplan con los objetivos y las expectativas de las intervenciones.

En principio hay que tener en cuenta la diversidad de agentes que intervienen en la educación de personas adultas. Aparentemente parecería que estamos hablando de un colectivo cuya función principal es eminentemente pedagógica, como son los maestros o profesores, que son los que normalmente intervienen en los procesos más formales, pero es preciso tener en cuenta a muchos otros colectivos de agentes que fuera del ámbito de la educación formal ejercen su labor profesional.

A continuación a modo indicativo, sin pretender ser exhaustivos, establecemos una relación de tipologías de agentes y niveles de intervención sobre la población adulta:

  • Facilitadores, alfabetizadores y maestros de educación básica. Suelen incidir sobre los procesos de educación formal desde la alfabetización, hasta los niveles de educación básica de cada Sistema Educativo.
  • Profesores especialistas de las distintas áreas de conocimiento científico-técnico, que actúan sobre colectivos demandantes de educación básica y también de educación secundaria, educación a distancia, preparación para el acceso a niveles superiores de educación...
  • Profesorado y monitores especializados y expertos en las diferentes ramas y familias de la formación profesional, que inciden en los procesos educativos para la cualificación profesional en el mercado de trabajo, desde la inserción laboral, hasta la cualificación más especializada.
  • Psicólogos y orientadores con formación específica, que inciden sobre la ayuda para la toma de decisiones, a través del conocimiento de la realidad académico-laboral, y de los requisitos necesarios para el recorrido formativo que las personas adultas deben realizar.
  • Trabajadores sociales que orientan a los adultos haciendo de puente y enlace entre las necesidades y las expectativas de éstos, y la diversidad de procesos educativos que pueden desarrollar.
  • Agentes especializados en procesos de difusión y sensibilización sobre aspectos concretos de la realidad social, en materia de: salud, consumo, medio ambiente, naturaleza, cultura, arte, música, educación física, educación sexual, participación cívica, conocimiento de derechos y deberes, aspectos legales...
  • Expertos en procesos productivos que inciden en formación para canalizar el desarrollo económico y sociocomunitario (emprendedores, cooperativistas, empresas y sociedades laborales...
  • Agentes y monitores de educación social que inciden preferentemente desde procesos de educación no formal, pero decisivos para los ciudadanos actuales – habilidades sociales, trabajo cooperativo, ocio y tiempo libre, defensa de la naturaleza, de la vida animal y vegetal, defensa de los derechos humanos…
  • Líderes de organizaciones, asociaciones o fundaciones, o cualquier otro tipo de grupos organizados: vecinales, deportivos, culturales, sociopolíticos, representativos de colectivos específicos – discapacitados, marginados, enfermos...
  • Responsables de los medios de comunicación, periodistas y comunicadores de prensa, radio y televisión.
  • Voluntarios y voluntarias que acompañan en cualquiera de los procesos anteriores.

Todo este panorama de agentes intervinientes en procesos más o menos formales y más o menos duraderos, nos lleva a comprender la importancia de la formación de todos estos agentes, para una intervención con las suficientes garantías.

La llamada formación de formadores en cualquiera de los niveles de intervención tiene una gran importancia. Más bien podría decirse que resulta absolutamente imprescindible, de tal manera que es preciso hablar de la formación continua de los agentes educativos. Este planteamiento es además  totalmente coherente con la esencia misma de la educación de las personas adultas, el principio de la educación permanente y  la educación a lo largo de la vida.