Las TIC y las familias

Hay mucha diversidad en el uso de las TIC en el ámbito familiar. Hay familias que han tardado en integrar el móvil en su vida cotidiana, mientras que otras usan las TIC como un modo de diversión y de relación habitual.

Esta no es una cuestión baladí, ya que afecta a cómo el alumnado se sitúa ante algunas propuestas que se pueden hacer desde el aula. Por ejemplo, algunas y algunos disponen en su habitación de ordenador personal y acceso a Internet, mientras que hay quienes comparten un ordenador con el resto de la familia o necesitan ir a una biblioteca o a un ciber para poder conectarse a la red.

Seguramente has vivido la experiencia de proponer a tu alumnado hacer una búsqueda a través de Internet y encontrarte, por una parte, con la desaprobación de algunas familias que prefieren la consulta a través de los libros, y, por otra parte, con el entusiasmo de aquellas que aprovechan este tipo de propuestas para sentarse con su hija o hijo para acompañarles en el uso de la red.

Más allá del ámbito escolar, como ya apuntamos con anterioridad, las familias también se encuentran con dificultades para facilitar un uso sano y consciente de las nuevas tecnologías. Así, por ejemplo, negociar el tiempo de uso de las redes sociales es un problema en muchos hogares. Aunque, en realidad, ésta no es una situación del todo novedosa, ya que, hasta no hace tanto, las familias discutían por el tiempo de exposición ante la pantalla del televisor. La novedad estriba en que no existe una programación, sino que cada cual la va creando en función de sus intereses y el tiempo disponible. Esto lleva a pensar que en las familias son necesarias habilidades de negociación para lograr que niñas y niños saquen el mayor provecho a las tecnologías sin que ésta limite el desarrolle de otras formas de ocio como es el deporte, la música, la lectura, el juego simbólico, etc. donde el movimiento y el cuerpo son fundamentales a la hora de relacionarse (ya hemos hablado de esto en los módulos 4 y 5).

Diario Público

A veces a las familias les resulta complicado limitar el uso de las Nuevas Tecnologías.
Fuente: Publico.es

En las familias, además, no siempre hay un acuerdo entre las personas adultas encargadas de la educación sobre el uso y el papel de las tecnologas. Observa el siguiente ejemplo:

Eva, de nueve años, ha pedido un videojuego para su cumpleaños. Su madre no quiere regalárselo porque ya le resulta bastante complicado "limitar" el tiempo que la niña dedica a la videoconsola e intenta trabajar para ampliar sus estrategias de ocio. Pero el padre, que apenas está con ella, no ve esta situación y prefiere atender sin más los deseos de la niña. Finalmente han decido que ambos deben implicarse para que Eva, además de la videoconsola, tenga otros espacios de diversión.

Iván, de 15 años, quiere un portatil para su habitación. Su madre se niega en redondo; prefiere que Iván utilice el ordenador en una sala común, donde ella puede ver el tiempo que dedica a estar frente a la pantalla y también el uso que hace del mismo. Sin embargo el padre prefiere que la sala sea un lugar de reunión y como mucho sólo admite la presencia de la televisión. Tras mucho debate han llegado a la conclusión de dejar el ordenador en el salón, pero limitando su tiempo de uso a un horario para que la sala siga siendo un lugar de encuentro y charla para toda la familia.

Otras veces, la discusión es interna, porque como ya hemos comentado, no es fácil "tener claro" que es lo mejor y ante esta incertidumbre, se es más vulnerable a sentir la presión social y publicitaria:

Javi, de 13 años, quiere un móvil. Dice que todo el mundo en su clase lo tiene. Su padre se siente tentado a comprárselo porque piensa que "es un error que el chaval se quede atrás" en el uso de las nuevas tecnologías. Sin embargo no termina de ver que el chico "realmente" lo necesite. Cuando hablan de esto en casa, ven que aunque parecen tener claro que no le hace falta un móvil, la presión del chico, más la de sus amigos, más la de la publicidad, hace que sus ideas se tambaleen.

En las anteriores situaciones podemos observar que dentro de las familias puede haber diferentes puntos de vista con respecto al uso que niñas, niños y adolescentes deben hacer de las nuevas tecnologías. Tras los necesarios debates, a veces prevalecen opiniones consumistas (en el sentido de ceder ante una presión que marca una necesidad que realmente no existe) pero otras veces el peso de la experiencia cotidiana, casi siempre personificado en la madre, permite pensar que acceder sin más a los deseos tecnológicos de hijas e hijos puede ser un importante error de cara a estimular distintos tipos de ocio, facilitar un uso sano y razonable de las distintas tecnologías o a controlar el tiempo delante de la pantalla.

Quizá, lo que más inquietud genera son los contenidos. Muchas familias temen que, a través de la red, niñas y niños acentúen el peso de la imagen en sus vidas y entren en contacto con escenas asociadas a contenidos sexuales, violentos, morbosos... y, por ello, vigilan los contenidos que aparecen en la pantalla del ordenador cuando niñas y niños están presentes.Sin embargo, en ocasiones, son precisamente los padres, hermanos mayores u otros hombres cercanos, quienes utilizan habitualmente juegos violentos y/o sexistas; y, de este modo, los niños de estas familias se sienten autorizados a hacer lo mismo y perciben que no se trata de una cuestión relevante. Así, ante la queja de muchas madres ante la exposición de los menores a dichos contenidos, se anteponen argumentos como la calidad gráfica de la imagen o la originalidad del diseño del juego. Cada profesara o profesor puede plantearse, en la medida de sus posibilidades, hacer una labor pedagógica con las familias que apoye a aquellas madres y padres que buscan en los juegos virtuales otro tipo de contenidos que no conviertan la violencia ni ninguna forma de sexismo, aunque sea virtual, en un juego.

Esta reflexión nos permite comprobar que la escuela se enfrenta a la confluencia de familias muy distintas entre sí. Esto hace que el trabajo de mediación por parte del profesorado sea muy importante. Para llevarla a cabo, quizás te ayude el tener en cuenta estas cuestiones:

  • Entre el alumnado, el hecho de disponer o no de TICs se convierte en ocasiones en motivo de rechazo y discriminación. Para el alumnado, estar "a la moda" en tecnología es símbolo de status social y, asimismo, es un factor de integración y/o rechazo por parte de las y los demás. Pero, evidentemente, no todas las familias quieren ni pueden soportar semejante presión. Para facilitar esta tarea, es importante que la escuela ayude a valorar las nuevas tecnologías, pero teniendo en cuenta que el acceso a lo "ultimo" es siempre limitado y no siempre responde a necesidades reales, y también que el valor de cada ser humano no está en lo que tiene o deja de tener. Asimismo, requiere creatividad para actuar de tal modo que el alumnado con menos posibilidades tenga las mismas oportunidades para el aprendizaje que el resto.
  • Observa a las niñas, a sus madres y a las mujeres adultas de las familias. En algunos casos, ellas ni siquera tocan el orenador y, en otras ocasiones, con mayor o menos sutileza, no se confía en su capacidad de hacer uso del mismo sin estropearlo. Las resistencias ante la tecnología (no solo ante las TICs) que a veces muestran las chicas, no surgen espontáneamente, sino que son el resultado de muchos mensajes diversos mediante los que han aprendido que "la tecnología no es cosa de mujeres". Muchos de estos mensaje vienen del ámbito familiar. Sin embargo, son ideas que no tienen consistencia, ya que precisamente las grandes tecnólogas de las familias suelen ser las mujeres: ellas son las que manejan la mayor parte de los aparatos tecnológicos existentes en el hogar y quienes saben sacar mejor provecho de los mismos. Es más, en la gran mayoría de las familias, el uso de la tecnología por parte de las mujeres ha dado lugar a una mayor calidad de vida a todos los miembros de la misma, o sea, habitualmente han sido ellas quienes mejor han sabido adaptar los avances de la ciencia a la vida cotidiana. Es importante que las madres reconozcan y den valor a sus conocimientos tecnológicos para que no les aplasten discursos que intentan invalidar su capacidad en este terreno.
  • En ocasiones, niños y niñas actúan desde el "poder" que les da un mayor conocimiento de la informática para hacerse con el uso de las pantallas y aparatos de la casa o para tomar decisiones sobre aquello que se ve o que se escucha. Sus actuaciones pueden llegar a desfavorecer los gustos y deseos del resto de la familia. Una vez más, se hace necesaria la negociación. Si observas detenidamente este tipo de situaciones podrás ver que, en una buena parte de los casos, son los hombres y chicos de la casa quienes imponen sus criterios.
  • Y por último ten en cuenta lo que ya hemos señalado en relación al tiempo y los contenidos. Tanto en la etapa infantil como en la adolescencia, es interesante hablar con madres y padres de la necesidad de establecer horarios que limiten el uso de las nuevas tecnologías en pro de una mayor diversificación de actividades, así como de vigilar el acceso a determinado tipo de contenidos (tanto en la red como en otros medios como TV, prensa, videojuegos, etc.).