Tipos de convivencia

Hacer un proyecto de vida incluye preguntarse cómo y con quién vivir, así como saber que ello está sujeto a muchas y diversas variables; es decir, aprender a tener una visión del futuro más real en la que quepa cambiar de forma de vida, bien porque se cambia la situación familiar, bien por un cambio de trabajo, de lugar de residencia, etc.

A lo largo de una vida, prácticamente todas las personas cambiamos varias veces el modo de convivencia en el ámbito familiar y doméstico: por ejemplo, se pasa de vivir en una familia extensa a vivir en solitario o de compartir piso con amistades a compartirlo con una pareja. Cuando se opta por tener criaturas, éstas crecen, se van de casa y su marcha cambia de nuevo el modo de convivencia, si es que no ha cambiado antes, etc. Es indudable que el tipo de familia establecido socialmente como tradicional no es, como no lo ha sido nunca, el único modelo existente. Hoy en día, la variedad es mayor que nunca y es habitual que en conversaciones informales hablemos y nos preguntemos por diferentes tipos de convivencia que aún están por crearse.

Pero, más allá de las diferentes formas de familias existentes y por existir, nos interesa conocer cómo están representados hombres y mujeres en esa convivencia. Es decir, si queremos orientar a nuestro alumnado hacia proyectos de vida que tengan en cuenta a hombres y mujeres, tendremos que crear un espacio simbólico donde chicos y chicas puedan imaginar formas de convivencia en las que esté presente el respeto, la libertad de unas y otros, el reconocimiento mutuo, la toma en consideración de las necesidades y deseos de mujeres y hombres, la responsabilidad de la propia vida y el cuidado de sí y de las demás personas, etc.

Si investigas un poco en tu propia realidad quizá puedas encontrar ejemplos parecidos a éstos:

  • María y Laura tienen doce años. Le comentan a su tutora que están un poco hartas de que todo el mundo les pregunte: "Qué, guapa, ¿tienes ya novio?" Ellas tienen claro que no quieren tener novio, al menos de momento y sueñan con que dentro de unos años se irán juntas a París y vivirán en una tienda de campaña al lado de la Torre Eiffel.
  • Juan vive con su madre, que es soltera; se siente muy mal con una profesora que siempre está hablando de "los padres", aunque sabe que ella pretende incluir en la misma palabra también a las madres.
  • Un niño de sexto llega siempre a clase despeinado, con alguna que otra legaña, e incluso algunos días huele un poco mal. Su tutora le comenta: "¿Es qué tu madre no está por las mañanas? "No", responde el chico, "está mi padre"".

Todos estos ejemplos u otros que casi con toda seguridad habrás observado en tu clase, muestran modelos de convivencia diferentes que requieren una organización de la vida también diferente. No es lo mismo trabajar y cuidar a los hijos e hijas, cuando hay dos personas adultas en la familia, que cuando la familia es monoparental o monomarental. No es lo mismo vivir solo o sola que con la presencia de tres generaciones de la familia en la misma casa. En el mundo actual son muchos los tipos de convivencia que podemos encontrar en la misma ciudad, en el mismo barrio, en la misma clase.

En la actualidad existen diferentes modelos de familia que deber ser tratados como fuente de riqueza y diversidad.
En la actualidad existen diferentes modelos de familia que deber ser tratados como fuente de riqueza y diversidad.

En la actualidad existen diferentes modelos de familia que deber ser tratados como fuente de riqueza y diversidad.
Fuente: Familia y reparto de responsabilidades. Pág. 5 y 6. Instituto de la mujer, 1994.

Con ello no queremos decir que niños y niñas tengan que optar en su infancia o adolescencia por un modo de convivencia, sino que conozcan y sepan que no hay un solo modelo y que en su vida podrán vivir varios y crear otros nuevos. Se trata, en definitiva, de que tengan la oportunidad de imaginar y decir, por ejemplo, que les gustaría vivir solos o solas o vivir una temporada con una amiga o amigo o tener muchos hijos e hijas... No quiere decir que en el futuro vayan a hacerlo así. Es simplemente hacer un hueco en su imaginación para verse en una convivencia que, actualmente, al menos en parte, pueden elegir y que amplía un horizonte que antes se limitaba a una profesión, una pareja y una descendencia.

Con esta reflexión queremos llamar la atención sobre la necesidad de ayudar a chicos y chicas a que no hagan suyos modelos de convivencia estereotipados. Se trata de abrir posibilidades diversas desde la escuela, haciéndoles pensar y ayudándoles a conocer alternativas diversas que les permitan elegir responsablemente con quién y cómo quieren vivir en el futuro, sabiendo que es una elección que tendrá que ser revisada una y otra vez.

Actualmente, en la escuela es relativamente fácil abordar esto, ya que, como hemos comentado, en el aula suele darse la presencia de niñas y niños cuyas familias tienen muchos modos de convivencia diferentes que pueden ser mostrados y tratados como ejemplo de diversidad.