Repaso del módulo

Hablar de proyectos de vida con el alumnado supone acompañarles en el descubrimiento de lo que son y lo que quieren ser, mostrándoles un mundo abierto a infinitas posibilidades, en el cual tienen que buscar su propio hueco en función de sus capacidades, deseos y características, así como ayudándoles a tener en cuenta el contexto y las circunstancias donde su vida se desarrolla.

Chicos y chicas a menudo se plantean de forma diferente sus proyectos de vida. Mientras ellos suelen centrarlos en sus actividades profesionales, ellas, sin dejarse de percibir como profesionales, también se preguntan por la posibilidad de ser compañeras, madres, amigas, etc. Y esta diferencia en muchas ocasiones se convierte en una grave desigualdad que sitúa a las mujeres en un plano de inferioridad en el terreno laboral, sólo por el hecho de ser mujeres y de considerar que en sus proyectos de vida caben opciones que implican que la vida es una y en ella cabe lo profesional, lo familiar, lo social, lo festivo..., por separado, de dos en dos o todo a la vez.

Desde el ámbito educativo podemos contribuir a limar estas desigualdades, intentando que chicos y chicas entiendan cada proyecto de vida como un itinerario donde aprender cómo ejercer una profesión, pero también para aprender a afrontar los trabajos que requieren la vida cotidiana y la convivencia, así como participar de aquellas otras actuaciones que implican un compromiso con el bienestar de una comunidad.

En cada proyecto de vida cada alumna y cada alumno tendrán que reflexionar en algún momento acerca de cuestiones como las siguientes:

  • Las capacidades que cada persona presenta; aquellas que desarrollan con ganas, con gusto; aquellas que le permiten crecer y disfrutar.
  • Las posibilidades de desarrollar esas capacidades dentro de una actividad profesional, eligiendo cuidadosamente aquella formación que permita optimizar su talento o habilidad, dentro de sus posibilidades reales.
  • El deseo y la necesidad de ejercer cada profesión desde la propia singularidad, desde lo que cada hombre y cada mujer puede aportar, partiendo de su visión del mundo y de su creatividad.
  • La necesidad de aprender a reconocer y realizar los trabajos que genera la vida cotidiana y a compartirlos con mujeres y hombres con quienes se convive.
  • La importancia de contar con un tiempo propio para la reflexión, el descanso, el pararse a mirar por dónde se va y para qué, para preguntarse por las necesidades, los deseos, la forma de afrontar las dificultades.
  • Tener en cuenta que las necesidades afectivas, de relación, de cuidado hacia sí y hacia otras personas, requieren también un espacio para pensarlas y un tiempo para realizarlas, que debe incluirse en cada proyecto de vida.