Los saberes cotidianos

El hecho de percibir el trabajo doméstico como una imposición para las mujeres, dificultó de alguna manera reconocer el valor real que dichos trabajos tienen. Actualmente, a pesar de los esfuerzos, todavía es habitual considerar el trabajo doméstico como una de las "peores actividades", lo que nadie quiere hacer, lo que es más aburrido, etc. Esto se hace evidente cuando este trabajo se desarrolla dentro del mercado laboral, ya que se trata de uno de los trabajos peor remunerados y que suele formar parte de la economía sumergida, o sea, que raramente está sujeto a los beneficios y derechos que debe tener cualquier contrato laboral. Sin embargo, está bien una parada sobre este asunto para pensar por qué esto es así o si podría ser de otra manera.

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Reflexión

Reflexiona: ¿El trabajo doméstico es menos creativo que el que se realiza, por ejemplo, en la ventanilla de un banco atendiendo a su clientela? ¿Es un trabajo más desagradable que el que se realiza en un taller mecánico? ¿Requiere menos responsabilidad que un trabajo en una oficina o en un comercio?

El trabajo doméstico requiere un corpus complejo y amplio de conocimientos que prácticamente todas las mujeres (y cada vez más hombres) adquirimos a lo largo de nuestra existencia. Son conocimientos que se transmiten de generación en generación, de abuelas, madres, tías a hijas, nietas, sobrinas y cuya base es fundamentalmente la vida; el cuidado de la vida propia y la de las personas a las que se quiere y con las que se convive. Por ello, pensamos que lo malo del trabajo doméstico no es el trabajo en sí mismo, sino su falta de reconocimiento y el hecho de que durante muchos siglos de historia se ha obligado a las mujeres a su realización, sin posibilidad de combinarlo con otras actividades.

Los conocimientos relacionados con el trabajo doméstico se transmiten de generación en generación y su base fundamental es el sostenimiento de la vida.

Los conocimientos relacionados con el trabajo doméstico se transmiten de generación en generación y su base fundamental es el sostenimiento de la vida.

Niños y niñas, cuando tienen dos o tres años, con frecuencia juegan a cuidar y a limpiar; suelen copiar el comportamiento de quienes les atienden y es habitual que quieran utilizar una escoba, una fregona o un trapo del polvo. Sigue siendo normal que se estimule este tipo de actuaciones en las niñas, dándoles ánimos "anda ¡qué buena ama de casa!", "¡mira qué bien se le da con lo pequeña que es!"; mientras que a los niños no se les suele animar tanto, más bien al contrario, es habitual oír frases del tipo: "quita, que vas a romper algo", "venga, deja eso y vete a jugar con tus juguetes".

La realización de los trabajos domésticos también puede potenciarse desde la escuela. Aprender a realizarlos supone reconocer los saberes de madres y abuelas y desarrollar la humildad suficiente para aprender lo que ellas pueden transmitir.

Es necesario introducir en el aula aquellas tareas que tienen que ver con la convivencia, el cuidado y las actividades cotidianas.

Es necesario introducir en el aula aquellas tareas que tienen que ver con la convivencia, el cuidado y las actividades cotidianas.
Fuente: Familia y reparto de responsabilidades. Pág. 10. Instituto de la Mujer, 1994.

Esto parece fácil, pero a veces puedes encontrar trabas; fíjate en los siguientes ejemplos:

  • Una maestra de niños y niñas de cuatro años, para el ocho de marzo, preguntó a estas criaturas qué habían aprendido de sus madres, abuelas o mujeres cercanas. Todas las niñas contaron muchas cosas como comer, hablar, caminar, lavarse las manos o saludar. Algunos niños también lo hicieron así. Pero otros, parece ser que un número significativo, dijeron que habían aprendido todo eso solos, que no habían necesitado de nadie para aprender esas cosas (Situación narrada en Experiencias de relación en la escuela. Prevenir la violencia contra las niñas y las mujeres. Cuadernos de Educación no sexista nº19. Instituto de la Mujer. Madrid, 2006, p.41).
  • En una clase de Secundaria se preguntó al alumnado acerca del trabajo que sus madres desarrollaban en casa. La mayoría reconocían lo que sus madres hacían y sentían agradecimiento, pero algunos chicos comentaron que estaban hartos de que sus madres siempre les estuvieran exigiendo que ordenaran su habitación y se mofaban de sus manías de limpieza.

Por ello y para intentar superar situaciones como las descritas, es importante que en la escuela haya una preocupación por:

  • Introducir en el aula trabajos que tienen que ver con la casa: coser, doblar ropa, decorar, planificar, cocina sencilla, curar una herida, etc. Dando a estas tareas el sentido que tienen para la convivencia y reconociendo las destrezas y conocimientos que requieren.
  • Devolver una imagen positiva del mundo doméstico, relacionándolo con la creatividad, el cuidado, el bienestar, el juego, el entretenimiento... y no tanto con la rutina, el aburrimiento, la suciedad, etc.
  • Procurar que las actividades domésticas no queden ligadas al castigo; es decir, evitar sanciones como quedarse más tiempo limpiando algo, o recoger lo que han tirado los y las demás. Al contrario, cada cual debe hacerse siempre responsable de lo que mancha, lo que tira o simplemente de lo que utiliza. No hacen falta castigos cuando alguien mancha algo; simplemente tiene que limpiarlo, responsabilizarse de lo que ha ensuciado.
  • Ligar las actividades cotidianas a la convivencia; mostrar que el hecho de que las cosas estén limpias, medianamente ordenadas, etc. favorece la convivencia entre las personas.
  • Introducir en las diversas asignaturas saberes cotidianos, es decir saberes conectados a lo que ocurre en la vida real, a lo que ocurre cada día, proyectando en su realización la necesidad de que lo hagan hombres y mujeres. Podemos poner un problema de matemáticas acerca de lo que mide un terreno que es un rectángulo regular, pero también podemos preguntar si el mantel que tiene Juan, que es un rectángulo, cubre la mesa del comedor, que es otro rectángulo de diferente medida. En la clase de Química se puede dar a conocer una serie de compuestos, pero es interesante también conocer qué alimentos de la lista de la compra puede tomar Nayet, que es una niña celiaca, atendiendo a la composición de los mismos. En la clase de Lengua se puede analizar sintácticamente la frase: "El padre de Ana usa un bolígrafo verde para firmar las notas" y también se pueden analizar otras como: "El padre de Ana usa una bayeta amarilla para limpiar los baños". Con respecto a esto existen ahora diversos materiales que pueden ayudarte a ejemplificar, como ligar las diversas asignaturas a los saberes cotidianos.
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Para saber más...

Consulta los siguientes textos:

"El misterio del chocolate en la nevera". Cuadernos de Educación No Sexista. Instituto de la Mujer, Madrid, 2003.

"Los saberes de cada día". Cuadernos de Educación No Sexista. Instituto de la Mujer, Madrid, 2003.

"La actividad científica en la cocina". Cuadernos de Educación No Sexista. Instituto de la Mujer, Madrid, 2002 (Si recuerdas, este texto y el siguiente los has visto también en el Módulo 3, en el epígrafe titulado Contenidos patriarcales).

"La química en la cocina". Cuadernos de Educación No Sexista. Instituto de la Mujer, Madrid, 2002.

Aprender a cuidar y cuidarnos. Octaedro, Barcelona, 2005.