La expresión del cuerpo

En los centros educativos, como en la vida en general, nos expresamos a través de un cuerpo que nos resulta imprescindible. Como dice Graciela Hernández (En Tomar en serio a las niñas. Cuadernos de educación no sexista, nº17. Instituto de la Mujer, Madrid, 2005, p.11): "Mi cuerpo no es algo que está fuera de mí como si fuera un objeto expuesto en un escaparate, es el lugar donde reside y transita mi experiencia. El cuerpo no es algo que tenemos, sino algo que somos".

Por ello cuando vemos a chicos y chicas en el centro escolar, no podemos separar su cuerpo de los componentes emocionales que estén viviendo; no podemos separarlo de su vida, sus dificultades, sus capacidades o sus afectos. Por ello, es mejor tener en cuenta que somos un cuerpo y que, como en tantas otras facetas de la vida, lo que hará que ese cuerpo pueda expresarse con libertad y creatividad será la confianza que haya logrado experimentar en las propias habilidades, el gusto por descubrir continuamente formas nuevas y singulares de expresión o la capacidad para expresar emociones y sentimientos que permitan que ese cuerpo sea también un lugar desde el que entrar en relación.

De lo que se trata, por tanto, es que niñas y niños no vivan una escisión entre cuerpo y cabeza, o entre sentimientos y razón.