Condicionantes culturales

A lo largo de la historia se han dado muchos condicionantes culturales que han determinado que hombres y mujeres accedieran de forma muy desigual a diferentes tipos de prácticas.

En el caso de las mujeres, en la mayoría de las ocasiones han tenido que ver con considerar que el cuerpo femenino no estaba adaptado para una actividad física que supusiera grandes esfuerzos y con una idea muy restrictiva de las posibilidades de movimiento del cuerpo de las mujeres, asociándolas casi de manera exclusiva a determinados modelos de belleza y a la maternidad. Desde este punto de vista se han potenciado actividades que resaltaran la sinuosidad de sus formas, la flexibilidad de sus articulaciones o el ritmo coordinado de sus movimientos, al tiempo que no se les permitía realizar otras que pudieran "masculinizar su cuerpo" (es decir hacerlo musculoso, fuerte y ágil) o realizar actividades que, sin ningún rigor científico, se consideraran obstáculos en el desarrollo de la maternidad.

También los chicos y los hombres han tenido dificultades para dar al movimiento de sus cuerpos un sentido libre. Hasta hace bien poco, el que los chicos estuvieran bien entrenados físicamente estaba íntimamente conectado con el hecho de la guerra, de la defensa de sus países y de sus posesiones. Esta mentalidad hacía que ya desde niños sus juegos estuvieran asociados a esta circunstancia, de forma que se favorecía el uso de la fuerza, la velocidad, la puntería, la lucha, así como una serie de habilidades personales que tuvieran en cuenta la violencia, la competitividad y el considerar al otro como un enemigo.

Esta idea ha ido desapareciendo de nuestras mentes, pero aún permanece un substrato de ese modelo que, de alguna manera, incita en los niños y en los chicos juegos asociados a la fuerza y a la velocidad, o bien en una forma de desarrollar el deporte que lo convierte en una actividad altamente competitiva. El movimiento que un chico realiza se interpreta en demasiadas ocasiones como una medida de su virilidad, hasta el punto de que un niño que prefiera actividades artísticas o aquellas en las que predomine la elasticidad o el ritmo, fácilmente puede ser considerado como "afeminado".

Parte de estos condicionantes culturales pesan todavía, aunque, sin duda, tanto desde la escuela como desde la familia, se hacen grandes esfuerzos por cambiarlos, de manera que niños y niñas tengan la posibilidad de probar y trabajar diferentes capacidades físicas. Son evidentes los avances pero, junto a ellos, todavía se observan situaciones en las que el sentido del movimiento de los cuerpos sigue obedeciendo a estereotipos.

No olvides que niñas y niños llegan al centro educativo con una historia corporal que, en mayor o menor medida, afecta a sus movimientos, a la elección y uso de materiales o al conocimiento de diferentes actividades.


La actividad física es un espacio de acción, de relación y de intercambio.

En las familias existe una gran diversidad: desde aquellas que ofrecen todo tipo de materiales y juegos tantos a niñas como a niños y favorecen la elección y práctica libre de cualquier actividad, como aquellas otras en las que niños y niñas se mueven en patrones de actividad física muy estereotipada; también es habitual observar otras donde el patrón predominante, tanto para ellas como para ellos, ha pasado a ser el masculino.

En la escuela, sobre todo en Infantil y Primaria, se intenta, desde hace tiempo, que niños y niñas desarrollen capacidades físicas diversas y se les proporcionan materiales apropiados para ello. Pero también es cierto que, en cursos posteriores, la práctica de la educación física suele tener como modelo fundamental el masculino, de manera que, durante algún tiempo, se han obviado las capacidades de las chicas y ha predominado un modelo de educación física basado en juegos, actividades y formas de entender el movimiento tradicionalmente practicada por chicos; una buena parte de las niñas no se han adaptado a esta situación y muchas no han querido participar de una educación física en la que primaba la fuerza o la competitividad o la lucha; al no tener otras alternativas, han ido perdiendo interés por la asignatura.

Además de la influencia del medio familiar y escolar, la información general que reciben chicas y chicos con respecto a las actividades físicas que realizan es muy diferente y desigual. ¿Te has fijado alguna vez en la sección deportiva de cualquier periódico de tirada nacional o del espacio dedicado al deporte en los telediario? Hazlo y comprueba quiénes protagonizan las noticias. ¿Piensas que ello influye de alguna manera en el gusto por el desarrollo del deporte y de determinados deportes? ¿Qué mensajes reciben las chicas con respecto al movimiento de sus cuerpos? Cuando, en las conversaciones cotidianas, se habla de los logros deportivos de las chicas, ¿se mencionan únicamente sus resultados o también se habla de cómo son las formas de sus cuerpos? Y ¿de qué manera se habla de sus cuerpos? Otro ejemplo: en muchas ocasiones, ante un mismo evento deportivo en el que participan mujeres y hombres, sólo se informa de la actividad realizada por ellos. Por ejemplo, si buscas quién ganó la última media maratón de Londres, de Madrid o de cualquier otra ciudad del mundo, es posible que encuentres con gran facilidad el nombre del ganador; el nombre de la ganadora lo tendrás que buscar en la letra pequeña y es posible que ni lo encuentres. Esto influye en las chicas de manera que no ven suficientemente valorado su esfuerzo.

Todos estos condicionantes van pesando más a medida que unos y otras crecen, de manera que en la adolescencia la actividad física de las chicas parece disminuir bastante. Estos son algunos de los motivos de dicho abandono (tomados de "Elige tu deporte". Cuadernos de Educación no sexista nº9. Instituto de la Mujer, Madrid, 1999):

  • Cambio de intereses: mayor atención a las relaciones sociales, que requieren tiempo y dedicación.
  • La oferta de actividades deportivas no se adapta a su interés y deja de responder a sus gustos y necesidades.
  • Conflictos con el tiempo: prefieren dedicar más tiempo a otras actividades como los estudios.
  • Influencia del grupo: si las amigas dejan de hacer deporte, ella también. Las canchas deportivas no suelen ser lugar de encuentro. Las chicas no quedan para jugar un partido.
  • Decisiones familiares: cuando se sacan malas notas, uno de los castigos suele ser que dejen el deporte.
  • No haber consolidado hábitos de vida activa en las primeras etapas de la vida.

La escuela puede contribuir a ir cambiando poco a poco algunos de estos condicionantes que todavía existen y sobre todo a dar otra imagen de la práctica física y deportiva de mujeres y de hombres. Por ejemplo:

  • Ayudar al alumnado a percibir que ganar o perder en un juego no tiene por qué ser siempre un hecho competitivo. Algunas mujeres y hombres han desarrollado el arte de añadir a la actividad física el valor de la relación y saben que haber jugado "contra" alguien puede ser el inicio de una buena amistad. En la mayoría de los deportes tanto hombres como mujeres actúan de esta manera, pensando en la relación, en la amistad, por mucho que en las pruebas cada cual intente hacer lo que pueda para ganar. En la escuela es importante potenciar los ejemplos y promover situaciones en las que puedan aprender que pasarlo bien, mientras se hace un deporte, está por encima de ganar o perder.
  • Piensa que el movimiento y la acción facilita el intercambio entre las personas y ayuda a descubrir, en muchas ocasiones, un lenguaje que va más allá de las palabras, un lenguaje de los cuerpos. Quizá en algún momento hayas observado o sentido en tu propia piel cómo tu cuerpo intuitivamente se mueve en respuesta al movimiento de otro cuerpo con el que te encuentras en conexión. Imagina, por ejemplo, una pareja de baile o un partido de tenis de dobles.
  • Puedes explicar que las mujeres siempre han realizado actividades físicas, aunque éstas no hayan sido reconocidas históricamente; contar las historias de las mujeres de las que hablábamos en el primer apartado o de otras muchas que con gran probabilidad en los próximos años irán llegando; hablar de los juegos que niños y niñas realizaban en otras épocas o en otros países y regiones y que dan la pista de que tanto unas como otros se ejercitaban y tendían a perfeccionar aquellos movimientos en los que se percibían más hábiles. Como siempre, en cualquiera de estas actividades, se trata de tener presente el equilibrio entre lo que se cuenta de los hombres y lo que se cuenta de las mujeres, así como de dar tanta importancia a las aportaciones de unas como a las de otros.
  • Insistir en la idea de que mujeres y hombres pueden realizar todo tipo de actividades físicas; es probable que las realicen de forma diferente; pero ya sabemos que esto es un enriquecimiento, porque implica que cada cual aporte su visión a la hora de practicar una determinada disciplina.
  • Asegurarse de que tanto niñas como niños cuentan con espacios y materiales en el centro que les sirvan para potenciar sus habilidades físicas y que las actividades que se ofrecen, tanto escolares como extraescolares, obedezcan a las necesidades, gustos y deseos de niñas y de niños.

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Vídeo: Mujeres de hoy. Deportes
Fuente: Mujeres de Hoy, Instituto de la Mujer y RTVE, 2004.