Actividad física y movimiento

Quizá en algún momento hayas tenido una pierna o un brazo escayolado o por alguna razón tuviste que soportar una inmovilidad total o parcial durante un tiempo relativamente largo. ¿Recuerdas cuáles eran tus sensaciones? Es posible que éstas fueran cercanas al aburrimiento, la inquietud, el no saber qué hacer con tu cuerpo o incluso a la indefensión por no poder siquiera realizar los movimientos más elementales que nos requiere la vida cotidiana; es posible que recuerdes también la sensación de alivio al permitir de nuevo el movimiento. Quizá tú seas una persona con algún problema de movilidad permanente o conozcas de forma cercana a alguien que lo tenga y entonces sabrás de la experiencia de tener que adaptar las condiciones de tu entorno para facilitar el movimiento y que éste no quede limitado por barreras.

El movimiento es inherente a nuestro cuerpo, es decir, nuestro cuerpo está hecho para moverse. Esto se sabe muy bien en la escuela, de manera que en las primeras etapas educativas hay una educación del cuerpo a través de diferentes actuaciones; en Infantil y Primaria el desarrollo motriz es una finalidad en sí misma y contempla aspectos muy diversos que van desde el control del movimiento o la coordinación, hasta aspectos comunicativos y relacionales.

En las primeras etapas escolares el desarrollo motriz es una finalidad en sí misma.

Fuente: www.internaciones.edu.gt 

A medida que avanzan los cursos escolares, la educación motriz se va reduciendo como objetivo específico y va quedando relegado a las aulas de Educación Física o de Música. También es cierto que los currícula de Educación Física se han ido ampliando, de manera que en sus propuestas no cabe únicamente la gimnasia o algunos deportes, sino que se dan otros contenidos como la coordinación viso-manual, el control en los lanzamientos, la expresión emocional, el ritmo, etc. realizados a través de actividades como malabarismos o expresión corporal.

Hay otras asignaturas que también tienen en cuenta de forma continuada el movimiento; por ejemplo, en la asignatura de Música, el baile y la danza son actividades que se realizan habitualmente, así como la utilización del cuerpo como instrumento musical a través de las palmas, pitos, pasos, saltos o diversos sonidos.

En el resto de las asignaturas, la actividad física y el movimiento pasan a ser recursos metodológicos que el profesorado puede tener o no tener en cuenta.