Repaso del módulo

La sexualidad y el amor son dos capacidades que conforman al ser humano y que están estrechamente relacionadas entre sí. La sexualidad nos permite celebrar la vida en cada poro de la piel y el amor vincularnos profundamente con otro ser humano.

En la sexualidad no todo vale. Cuando hay violencia, las personas dejan de expresarse con libertad y, por tanto, ven constreñida su propia sexualidad. De tal modo que la sexualidad es incompatible con la violencia.

Sexo y sexualidad son dos cosas diferentes. El sexo es la sexuación del cuerpo humano en femenino o en masculino. La sexualidad es la capacidad de sentir el cuerpo sexuado y de expresarse a través de él.

La experiencia de vivir en un cuerpo de hombre es diferente a la de vivir en un cuerpo de mujer. Asimismo, cada mujer y cada hombre tienen una experiencia única y singular. Son experiencias que varían en cada contexto histórico y/o cultural, y también a lo largo de cada vida.

Educar la sexualidad de niños y niñas es educar, no sólo para su futuro, sino también para su presente. Ello implica no dar significados adultos a los modos en que niñas y niños la expresan y la sienten y presentarla como algo en continúo movimiento que afecta al conjunto de su cuerpo.

Las relaciones sexuales son un modo más de expresar la sexualidad que pueden darse con personas del mismo o de distinto sexo. En ellas está presente todo el cuerpo y, por lo mismo, el coito es sólo una posibilidad más de darse placer entre otras muchas.

Siempre hacemos educación sexual con lo que hacemos y con lo que no hacemos, con lo que decimos y con lo que no decimos. A la hora de tratarla de forma consciente en el aula, se suelen acentuar los peligros que supone tener relaciones sexuales, dejando fuera lo fundamental: qué es la sexualidad y qué papel juega en nuestras vidas.

Hablar sobre sexualidad con niñas y niños implica ejercitar la escucha, procurar entender bien cuáles son sus demandas, contarles con claridad aquello que sabemos y hacerles una propuesta para investigar sobre aquello que no sabemos, comunicarles cómo nos sentimos, estar en disposición de volver a temas ya tratados, hacerles preguntas que completen su reflexión, darles información, etc. El diálogo cobrará matices distintos si somos de uno u otro sexo pero esto, aunque a veces puede suponer una limitación, es fundamentalmente una riqueza.

Tomar conciencia del propio cuerpo significa tenerlo presente de forma integral. Esto supone no obviar los genitales y ayudarles a entender que sus cuerpos, sean del sexo que sean, son completos y que, tanto unas como otros, tienen infinitas posibilidades de ser y sentir a través de todo su cuerpo. 
El proceso de crecer y hacerse mayor es único y singular en cada niña y niño. Acompañar este proceso a través de la escucha, la atención a sus demandas e interrogantes, la información sobre cada momento vital y también sobre qué les pasará en el futuro, les ayudará a crecer sin miedo y en paz con el propio cuerpo.

La experiencia de menstruar no tiene ningún paralelismo con la experiencia masculina. Es necesario hacer una representación más real y positiva sobre la menstruación, sin que ello suponga idealizar la posibilidad de embarazo. Niñas y niños tienen que comprender, no sólo de dónde vienen los niños y las niñas, sino también de cómo hacer para que no vengan.

Es importante que niñas y niños aprendan a canalizar su curiosidad hacia los otros cuerpos tomando conciencia de la grandeza que cada uno conlleva y, sobre todo en el caso de los niños, sin convertirla en un pretexto para violentar a otros u a otras.

La atracción sexual puede darse entre personas del mismo sexo o de diferente sexo. Es una sensación que puede resultar fascinante pero que es sólo eso, una atracción y, por tanto, no implica amor ni un pretexto para invadir otros cuerpos.

Para enseñar qué es el amor hace falta llevarlo al aula y dar a niños y a niñas las palabras para nombrarlo, reconocerlo y valorarlo, o sea, para que no se les cuelen representaciones que muestran el amor de una manera fantasiosa, acotada y estereotipada como son la media naranja, el príncipe azul, el amor obsesivo, la pasión constante, etc.

El amor hacia sí no es lo mismo que parapetarse ante el resto del mundo ni hacer un alarde de autosuficiencia. Es un movimiento interno que nos convierte en más humanos y humanas, con más capacidad para relacionarnos teniendo en cuenta al otro o a la otra, sin negar los propios deseos y necesidades.

La amistad es un pequeño laboratorio para que niños y niñas aprendan a manejarse en sus relaciones y a hacerse cargo de sus sentimientos. Es necesario que aprendan a vivir el juego de la seducción como una forma más de expresión, de conocimiento y de aproximación y no como una lucha basada en la conquista. Del mismo modo, tienen que aprender a vivir el enamoramiento sin confundirlo con el amor.

El amor ocurre cuando hay entendimiento, aceptación y apertura. Las relaciones basadas en el amor permiten que cada cual despliegue su singularidad, sea cada vez más libre, no sienta la necesidad de fundirse con el otro o la otra. Permiten que cada ser humano se enriquezca en la relación con el otro o la otra, sin dejar de ser y de estar con todo lo que es o va siendo.