Hablar sobre sexualidad

Quizás te preguntes cómo hablar sobre sexualidad sin violentar ni violentarte. O tal vez lo estés haciendo ya.

hombre hablando con niño

Fuente: Banco de imágenes y sonidos del INTEF.

En primer lugar, se trata de escuchar: La escucha se da cuando hay aceptación. Implica tomar muy en serio lo que siente la niña o al niño y no olvidarse de que él o ella, aunque le falten palabras y la experiencia para comprender esas sensaciones, es quien mejor sabe cómo vive las cosas. Interpretar, juzgar o anticiparse a lo que nos quieren expresar no es escuchar; tampoco lo es hacer trampa para sacarles información, sino intentar comprender qué está sintiendo y viviendo. 

Imagina a una profesora que opta por escuchar con cuidado y atención a una niña que encuentra llorando en el baño porque, según dice, le acaba de venir su primera menstruación; hará que esta niña se sienta vista y entendida. Del mismo modo, podrá comprender que ella tiene miedo a crecer y a hacerse mayor. Es más, es probable que, sintiéndose comprendida, esta chica se sienta más inclinada a escuchar a su profesora. Por el contrario, si esta maestra hubiera actuado sin escuchar, es fácil que sus consejos e informaciones estén desligados del problema real de esta chica, de su miedo a crecer y que, por tanto, caigan en saco roto.

No se trata de escuchar sólo sus sentimientos, sino de tomar muy en serio también sus inquietudes o preguntas.

Así, por ejemplo, si un niño de seis años pregunta por qué las mujeres tienen pechos, le podemos devolver la pregunta para ver qué sabe. Le podemos contar cómo crecen los pechos cuando una mujer se embaraza y cómo eso le permite dar leche al bebé cuando nace; le podemos hablar (si somos mujeres) de cómo nos han ido creciendo los pechos a lo largo de nuestra vida y, si hemos tenido la experiencia de dar de mamar, cómo hemos vivido esta experiencia. Le podemos preguntar si le gusta ver a una mujer dando de mamar a un bebé, si se acuerda de cuando era pequeño y su madre le dio de mamar, etc. Y, si vemos que la conversación da de sí, le podemos explicar además la violencia que sienten muchas mujeres cuando se las valora por el tamaño de sus pechos.

Escuchar y tomar en serio las preguntas e inquietudes de chicas y chicos no significa dejar de dar la información que nos parece que es importante que tengan, aunque se trate de una información que no hayan demandado y que tampoco hayan mostrado ningún interés especial hacia ella. Aunque, claro está, para ello es necesario conectar aquello que les queremos decir con sus deseos y necesidades, para que no se transforme en una información vivida como "un rollo más".

Para acabar este epígrafe, queremos señalar que no es lo mismo hablar sobre sexualidad siendo un hombre que siendo una mujer. Por ejemplo, volviendo al ejemplo anterior, una mujer puede hablar desde su propia experiencia corpórea de tener pechos, mientras que un hombre puede hablar desde su diferencia y desde lo que sabe sobre el cuerpo femenino. Tampoco es igual escuchar a una niña a la que le cuesta aceptar su propia menstruación siendo de uno u otro sexo. Con una mujer, esta niña puede entablar un diálogo de "mujer a mujer", mientras que con un hombre ella puede expresar esa experiencia desde su diferencia de ser mujer que él, como hombre, puede escuchar y acoger, pero no vivir en la propia piel.

Esto no quiere decir que unos u otras no podamos hablar sobre todas las cuestiones relacionadas con el amor y la sexualidad por pertenecer a un sexo y no al otro. Más bien al contrario, hombres y mujeres podemos dialogar sobre cualquier inquietud manifestada por niñas y niños, pero sabiendo que ese diálogo cobrará matices diferentes en función de nuestro sexo y esto, aunque a veces puede ser una limitación, es fundamentalmente una riqueza.

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