Visibilizar la violencia

Como ya hemos ido diciendo, cuando se produce alguna situación en la que hay violencia contra las mujeres, no siempre se la reconoce como tal. Otras veces, sí se la reconoce, pero resulta difícil sacarla a la luz, sin generar más violencia aún de la que ya hay.

Imagínate en estas situaciones que relatamos a continuación: ¿cómo las vivirías y qué harías?

  • Un grupo de criaturas de cinco años juegan a las casitas. Un niño y una niña hacen de papá y de mamá. En el juego, el "papá" regaña a la "mamá" diciéndole que acaba de llegar del trabajo y no entiende por qué la comida no está lista. Ella, solícita, le pide perdón. Un maestro que ve esta escena se ríe. Con esta risa, este maestro, quizás sin darse cuenta, da a entender que lo que dice este niño es sólo un juego sin mayor relevancia. Desde ahí, le resulta difícil tomar en serio el hecho de que este niño y esta niña están mostrando, con ese juego simbólico, lo que han visto e interiorizado sobre las relaciones de pareja. Y lo que han visto e interiorizado es un modelo violento de relación que estas criaturas necesitan desmontar para poder crear relaciones sanas y libres.

Este maestro podría haberles sugerido interpretar otro diálogo diferente. Podría haberles dicho que se imaginaran, por ejemplo, a una "mamá" que le dice a "papá" que ha encontrado un trabajo que le gusta mucho, que él se pusiera muy contento al escuchar lo que le acaba de decir su mujer y que, como ninguno de los dos ha tenido tiempo, se ponen a hacer la comida conjuntamente.

  • Un niño de cinco años al que le encanta dibujar casas de forma detallada y que se aburre bastante jugando al fútbol o a “los monstruos”, es ridiculizado por los demás niños. La maestra está preocupada por este niño e intenta que él se adapte a los juegos a los que juegan los demás para que no sufra. Con esta manera de proceder, esta maestra sitúa el problema en el propio niño y no en la actitud discriminatoria de los demás y, de este modo, no sólo no ayuda a que este niño deje de sufrir (ya que también sufriría haciendo lo que no le gusta), sino que deja intacta la raíz de esa violencia.
Ella podría, por ejemplo, haber pedido a toda la clase que dibujara casas para que pudieran valorar la habilidad de su compañero, haber planteado una charla en el aula sobre cómo se sienten ante niños que "son diferentes", llevar al aula a un hombre que ha destacado en la pintura o en alguna actividad similar y que de niño fue ridiculizado por sus compañeros para que cuente su experiencia, etc.
  • En la clase de música de un grupo de Secundaria, una de las chicas está más desarrollada físicamente que las demás. Cada vez que ella toca un instrumento, algunos de los chicos hacen comentarios sobre las medidas de su cuerpo. El día del examen final, la profesora decidió separarla del resto de la clase para que pudiera estar tranquila.
Esta profesora situó el problema en el cuerpo de la chica o quizás también en las hormonas de los chicos, como si se tratara de algo inevitable. De este modo, dejó las cosas como estaban. Sin embargo, el problema estaba en realidad en otro sitio: en la conducta invasiva de los chicos.

Está clara, por tanto, la necesidad de que las profesoras y los profesores sepan ver y nombrar la violencia allí donde se da, en vez de actuar como si en realidad se tratara de otra cosa. Ahora bien, es importante también visibilizar estas situaciones sin violentar. Por ejemplo, en la última situación relatada esto significa:
  • Responsabilizar a estos chicos de su conducta, hacerles entender el alcance de la misma y no permitir que actúen de este modo.
  • Trabajar en el aula la raíz que alimenta este tipo de conductas para dejarlas sin sentido. Por ejemplo: haciéndoles ver que ese mito que dice que los hombres no pueden contenerse ante el embrujo del cuerpo de una mujer, les presentan como seres pocos libres, incapaces de decidir por sí mismos como quieren actuar.
  • Ayudar a que la chica (y las demás chicas también) se sienta a gusto en su propia piel, sin sentirse culpable por tener el cuerpo que tiene.

Ahora bien, nada de esto significa crear una guerra de chicas contra chicos, sino simplemente poner las cosas en su sitio y dar una oportunidad, para que tanto unos como otras aprendan a desterrar la violencia de sus vidas.

Visibilizar la violencia para poder rechazarla, significa también, para cada maestra y maestro, reconocer cómo la lógica de la violencia forma parte de su propia vida. Reconocer no es culpabilizarse ni fustigarse, es simplemente atreverse a decir la verdad e intentar entender qué pasa y cómo pesa la  tradición patriarcal en cada vida, para, desde ahí, poder responsabilizarnos realmente de una tarea que realmente prevenga la violencia; también la propia violencia.

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Para saber más...

Si quieres profundizar en esta reflexión, puedes leer el artículo "Una tarde de Intercambio" que encontraras en las pags. 33-51 del Cuaderno de Educación no sexista nº 19, Experiencias de Relación en la Escuela. Prevenir la violencia contra las niñas y las mujeres. Instituto de la Mujer, 2006.