Repaso del módulo

La violencia contra las mujeres es un modo de otorgar más poder a los hombres a costa de ellas. Se manifiesta con diferentes acciones, actitudes o estructuras organizativas que dan a los hombres más valor y representatividad que a las mujeres.

Conflicto y violencia son dos cosas diferentes. Los conflictos son inherentes a las relaciones humanas. Hay conflicto cuando sentimos que nuestros pensamientos, sensibilidades, deseos, códigos o necesidades, además de no ser coincidentes, son difícilmente compatibles con los de otra persona. Cuando se impone el lenguaje de la violencia, se tapa el conflicto en vez de resolverlo. Desde la violencia, se niega, anula o infravalora la diferencia del otro o la otra con la intención de "ganar" o de hacerse valer.

Prácticamente todos los hombres han sentido, en algún momento de sus vidas, la presión para identificarse con el ejercicio del poder y de la violencia. Pero, como es evidente, no todos los hombres se han dejado arrastrar por esa lógica. Muchos han podido tomar consciencia del daño que ésta produce, no sólo a otras personas, sino también a sí mismos.

Cuando predomina la lógica patriarcal, esa lógica que identifica la masculinidad con la violencia y que infravalora a las mujeres, no es fácil ver y reconocer la paz que se practica día a día en el mundo y que, en gran parte, es protagonizada por las mujeres.

Desde la lógica patriarcal, se entiende por libertad el "hacer lo que me da la gana". Este modo de entender las cosas lleva a determinados hombres sentir su libertad mermada cuando las mujeres ocupan espacios en los que antes sólo estaban ellos. Y de ahí a la violencia hay un paso. Sin embargo, en una relación basada en el cuidado, la escucha y el intercambio, la libertad del otro, de la otra, no resta espacio a mi libertad, más bien al contrario, le da aliento. Con esta toma de conciencia, un hombre puede sentir que la presencia de mujeres libres a su lado puede dar más color y brillo a su propia libertad.

En la escuela, del mismo modo que en el resto de la sociedad, se producen diversas manifestaciones de violencia contra las mujeres, no sólo entre el alumnado, sino también en las relaciones que el profesorado mantiene entre sí, sostiene con las familias y crea con el alumnado. Asimismo, no es extraño que, a través de los contenidos curriculares, se transmita una noción androcéntrica y, por tanto, violenta del conocimiento, del transcurrir histórico, de la cultura y de la vida.

Dejar fuera la violencia de las relaciones que cada docente establece con los miembros de la comunidad educativa y también el androcentrismo a la hora de transmitir su materia, es un modo de prevenir la violencia. Asimismo, es fundamental tomar conciencia de  que la violencia contra las mujeres ejercida por el alumnado no es un "simple juego de niños", sino algo ante lo cual es necesario intervenir, educar y prevenir.

No es fácil llevar todo esto a cabo cuando es el poder y no la autoridad la que media en las relaciones que se dan en un aula, ya que el caldo de cultivo que da lugar a la violencia permanece intacto. A diferencia del poder, la autoridad no es algo que se tiene, sino algo que otras personas nos reconocen en el seno de una relación. La autoridad no aplasta, no pertenece a nadie sino que la genera quien, con su palabra, su sabiduría y su escucha, favorece el desarrollo de los deseos, pensamientos y palabras de las demás personas.

En definitiva, prevenir la violencia contra las mujeres es:

  • Hacer visible la violencia existente para poder abordarla, lo que significa, en primer lugar, reconocer también la propia violencia.
  • Practicar la paz para poder enseñarla. Lo que implica dar visibilidad a las mujeres y hombres que la practican día a día y estar en disposición de aprender de ellas y ellos.
  • Ir más allá de la tolerancia y estar en disposición de aprender de las experiencias diversas de cada alumna y alumno.
  • Tratar los conflictos sin violencia. Esto significa salirse del "tira y afloja" para llegar a acuerdos que sean fruto de un interés real por entablar una relación con otra persona diferente a sí, sin negar ni negarse.
  • Reconocer autoridad a las mujeres y, en la medida de lo posible, llevar la autoridad y no el poder a cada aula.