La violencia y la paz

Es probable que, entre quienes estéis haciendo este curso, existan formas diversas de entender la palabra violencia. Puede ocurrir, por ejemplo, que ante un mismo hecho haya quienes lo califiquen como violento, mientras que otras personas no lo consideren así. Por eso, hemos visto la necesidad de explicar de qué estamos hablando cuando decimos "violencia contra las mujeres".

Para nosotras, las autoras, violencia contra las mujeres es cualquier acción, actitud o estructura organizativa que pretende otorgar a los hombres más valor, poder y representación que a las mujeres. Son prácticas inscritas en esa lógica que interpreta la diferencia sexual como desigualdad entre los sexos.

Ilustraciones de Roser Capdevila del cuaderno Violencia contra las mujeres.

Ilustraciones de Roser Capdevila del cuaderno Violencia contra las mujeres.
Fuente: Instituto de la Mujer, 2004.

La violencia contra las mujeres, por tanto, no se manifiesta sólo con golpes o insultos, ni se presenta sólo en el seno de las relaciones amorosas. Hay violencia también cuando, por ejemplo:

  • Se invisibiliza a las mujeres.
    Imagina que eres una mujer que vas a un hospital porque has tenido un ictus y el equipo médico que te atiende no es capaz de diagnosticar a tiempo lo que te pasa, porque esa enfermedad ha sido estudiada tomando como patrón el cuerpo masculino y, por tanto, sin tomar en consideración como ésta se manifiesta en un cuerpo de mujer.
    Esta es una situación real que se ha dado muchas veces, no sólo en relación al ictus, sino también ante otras muchas enfermedades. ¿Cómo te sientes ante algo así?
  • Se desprecia lo que hacen las mujeres.
    Imagina que una mujer conduce por una carretera con prudencia y a una velocidad acorde a lo que indica el código de circulación. Imagina además que un hombre que conduce detrás de ella hace sonar el claxon de su coche con insistencia, instándola a que vaya más rápido. Cuando logra adelantar a la conductora, le grita: ¡Mujer tenías que ser!
    Este tipo de situaciones se da cuando se considera que la agresividad y la rapidez dan valor a los hombres, mientras que el apego a la vida es cosa de mujeres y, por lo mismo, es algo con poco valor. Desde esa lógica, una mujer y más aún un hombre que actúa con cuidado y prudencia son objeto de desprecio, como si el apego a la vida fuera algo negativo y no algo, no sólo positivo, sino fundamental para nuestra existencia.
  • Se discrimina a las mujeres.
    En las fiestas populares de varios pueblos o ciudades se organizan eventos, como algunas obras de teatro en las que se representan episodios del pasado o pasajes religiosos donde, en nombre de la tradición, se excluye la participación de las mujeres, incluso cuando se trata de dar vida a personajes femeninos.
    ¿Qué mensaje se le da a las mujeres y, de otro modo, a los hombres con este tipo de prácticas?
  • Se caricaturiza la experiencia femenina.
    Habrás visto a mujeres que hablan entre sí con complicidad y emoción en los descansillos de los edificios, en las colas del supermercado o del banco, a la hora de recoger a sus hijas o hijos en el colegio, usando el teléfono cuando hay un respiro entre tarea y tarea, en torno a una mesa de una cafetería o en situaciones más difíciles, como puede ser la sala de espera de algún hospital.

El intercambio de experiencias supone un importantísimo enriquecimiento personal y social.
El intercambio de experiencias supone un importantísimo enriquecimiento personal y social.
Fuente: Banco de imágenes y sonidos del INTEF.

Con esta práctica, muchas mujeres se dan fuerza unas a otras, se divierten, hacen su vida más agradable o descubren formas nuevas de vivir. Sin embargo, no es extraño escuchar a alguien reducir toda esta riqueza tachándolas de "cotillas". Lo mismo pasa cuando se llama "marujas" a las mujeres que dedican gran parte de su tiempo y de su energía a la gestión de sus casas y al cuidado de la vida de sus seres más allegados. O también, cuando se dice que las chicas sacan mejores notas que sus compañeros porque son más "sumisas", dejando en suspenso sus ganas de aprender, su sentido de la autoridad o simplemente su esfuerzo.

Como puedes apreciar en estos ejemplos, reducir lo que hacemos las mujeres a estereotipos o caricaturas es un modo de descalificar lo que sabemos, deseamos o aportamos.

  • Se trata a las mujeres como si fueran objetos.
    Imagina lo que significa estar en la piel de una mujer que, tras dar una conferencia sobre una cuestión que ha investigado durante muchos años, escucha decir al señor que está sentado a su lado en la mesa: ¡Supongo que habrá sido interesante lo que ha dicho pero, como tiene esos ojos tan bonitos, no he podido concentrarme y prestar atención a sus palabras!
    Este hombre usa el piropo y el estereotipo que asocia la belleza femenina con una especie de embrujo del que los hombres difícilmente pueden librarse, para anular el pensamiento y el trabajo de esta mujer. Si fueras ella, ¿cómo te sentirías en relación a tu propio cuerpo y al esfuerzo que acabas de realizar?
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Para saber más...

Si quieres saber más sobre esta reflexión, puedes leer el cuaderno Violencia contra las mujeres, Instituto de la Mujer, 2004.

Estos y otros ejemplos nos indican que hay demasiada violencia, ya que un solo acto de estas características es excesivo. El impacto que dejan estas acciones es tan fuerte que, cuando éstas ocurren, resulta difícil darnos cuenta de que la práctica de la paz es una constante en nuestras vidas. Si no fuera así, no estaríamos vivos ni vivas, no sabríamos hablar ni pensar, no habríamos podido crear relaciones significativas, no estaríamos interesadas ni interesados en prevenir la violencia.