La práctica de la paz

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Reflexión

¿Qué imágenes o situaciones te vienen a la cabeza cuando piensas en la paz?

Hay muchas formas de practicar la paz que están presentes en nuestra vida, incluso en aquellos contextos donde la violencia se expresa con especial virulencia. Sin embargo, no suele ser habitual hablar de la paz que existe ni valorar lo que en realidad supone para cada vida y para la convivencia. Cuando esto pasa, nos quedamos sin referentes para practicar la paz desde la conciencia de que, con esta manera de hacer, estamos, no sólo previniendo la violencia, sino también facilitando nuestras vidas.

La dificultad para ver y reconocer la paz que se practica día a día en el mundo tiene relación con la invisibilidad femenina y con esa lógica patriarcal que identifica la masculinidad con la violencia y que considera lo que son y hacen las mujeres como algo de menor importancia a lo que son y hacen los hombres.

¿Has pensado alguna vez cómo es posible que la vida siga gestándose y sosteniéndose en esas zonas del planeta donde la guerra, las catástrofes medioambientales o el hambre han cobrado tal dimensión que parece imposible la supervivencia? Habitualmente, cuando se habla de este tipo de contextos, se suele sacar a la luz sólo una parte de lo que allí pasa; esa parte que está vinculada con el ejercicio de la violencia y la gestión del poder.

Sin embargo, imagínate qué pasaría en esos lugares, y también en el lugar donde tú vives, si las mujeres y aquellos hombres que han optado por la gestión y el cuidado de la vida decidieran cruzarse de brazos y dejaran de practicar la paz.

Wangari Maathai
Wangari Maathai

Premio Nobel de la Paz en 2004

Fuente: www.greenbeltmovement.org

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Una práctica de paz

A continuación podrás leer una impresionante práctica de paz:

¿Quién es ese al que matamos? Es mi hijo.


Nombrar la violencia sin violencia, buscando el modo de hacer visible lo que ésta es en realidad y cómo afecta a los cuerpos, las vidas y los pueblos es una práctica de paz. Poner nombre a la violencia que existe permite sacarla de esa nebulosa que la normaliza como si fuera inevitable o que la representa con eufemismos que la vuelven abstracta, como cuando se dice "daños colaterales" para hablar sobre las víctimas de una guerra.

Esto es lo que han hecho muchas mujeres que, a lo largo de los siglos XIX, XX y aún hoy en día, han sabido encontrar palabras para nombrar la violencia vivida, sin convertir esta práctica en una justificación para verter más violencia al mundo, o sea, han buscado el modo de transformar la relación entre los sexos en vez de violentar a los hombres a modo de revancha.
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Practicar la paz

En el texto LA RISA QUE ABRE A LO OTRO, María-Milagros Rivera Garretas nos cuenta el siguiente hecho:

"Practicar y amar la paz es lo que hicieron, por ejemplo, las sufragistas, que supieron sostener su deseo de votar en las elecciones políticas de la democracia, sin entrar en la cooptación con el sistema democrático. Las sufragistas le enseñaron a Gandhi su práctica de la paz: una práctica que, más tarde, él pondría en juego en su país – la India – abriendo el camino de la descolonización. Practicar y amar día a día la paz es lo que hacen desde hace ya bastantes años las madres de la Plaza de Mayo, que han dejado al desnudo la violencia estremecedora de un gobierno, sin cooptar con ningún tribunal internacional."

Fuente: Pat Carra, Bombas de Risa. Cuadernos Inacabados 45, horas y horas, Madrid, 2001. Introducción de María-Milagros Rivera Garretas.


En definitiva, abrir los conflictos sin violencia, llamar violencia a lo que es violencia sin minimizar su significado y hacer todo esto desde el cuidado de quien quiere hacer congeniar la libertad y la convivencia es practicar la paz.