Lo simbólico

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Reflexión

¿Qué quiere decir que el lenguaje es simbólico?

Que el lenguaje sea simbólico quiere decir que tiene capacidad para dar significado a la realidad que vemos y sentimos. También quiere decir que a través de diversos signos y símbolos (palabras, imágenes, etc.) podemos conocer y pensar sobre aspectos de la realidad que no tenemos presentes pero que, sin embargo, se materializan cuando somos capaces de expresarlos mediante símbolos, es decir, cuando somos capaces de comunicarlos. Así, es curioso comprobar cómo actualmente ponemos palabras a hechos, personajes, procesos históricos, que se dieron hace mucho tiempo y que, sin embargo, no tenían existencia simbólica porque nunca fueron puestos en palabras o bien porque, aún estando esas palabras, no fueron interpretadas o bien porque se pasó de largo ante ellas sin darles importancia. Eso es lo que ha pasado por ejemplo con la historia de las mujeres, cuando no se ha tenido en cuenta y, por tanto, no se ha dado existencia simbólica a su participación y a sus aportes a la cultura, a la historia, a la política, a la ciencia, etc. Todo depende de nuestra capacidad de interpretar esos símbolos y de mirar lo que hay a través de ellos.

La lengua escrita es uno de los principales medios de comunicación

La lengua escrita es una de las principales formas de comunicación entre personas.

Mercedes Bengoechea apunta que “el lenguaje refleja y, muy especialmente, ayuda a construir nuestra concepción del mundo y la realidad. Es decir, los términos, las frases y el lenguaje que la gente usamos para describir la realidad, las cosas y las personas organizan nuestra estructura interpretativa de las mismas.” (Guía para la revisión del Lenguaje desde la perspectiva de género. Proyecto Parekatuz. Diputación Foral de Bizkaia. www.bizkaia.net).

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Investiga

Como habrás comprobado, en muchos casos no se habla, no se representa mediante imágenes o palabras, lo que las mujeres aportan al mundo. Fíjate en los siguientes ejemplos:

  • En un curso de formación con familias, una mujer contaba que a partir de la experiencia vivida en ese grupo había dado existencia simbólica a su abuela; ella decía que de esta mujer conocía el nombre y poca cosa más, no había sabido nunca a qué se había dedicado, ni las aficiones que tenía, ni cómo había sido su vida, ni las relaciones que había mantenido con sus hijas e hijos. Sin embargo, comparativamente, nos decía que sí sabía mucho más de su abuelo, porque formaba parte de la historia familiar; él había participado en varias guerras y era glorificado por sus hazañas bélicas. A partir del curso ella decidió investigar y conocer de su abuela algo más que el nombre.
  • En un colegio es habitual que un grupo de chicos baje las escaleras empujando, corriendo y molestando al resto de la gente; este es un grupo muy conocido: se habla mucho de estos chicos y de sus comportamientos. Sin embargo, del resto de los chicos y de la mayoría de las chicas, que suben y bajan las escaleras tranquilamente y sin molestar, apenas nadie dice nada.

Ahora observa los entornos en los que vives y comprueba alguna situación en la que no se da existencia simbólica a las mujeres, a las niñas o a las actividades que realizan.


En educación es importante dar existencia simbólica a lo que consideramos relevante, a lo que queremos que el alumnado aprenda. Y dar existencia simbólica, como ya hemos visto, tiene que ver con poner palabras, imágenes, música, o cualquier otro tipo de representación a lo que queremos que exista. Por ejemplo, si un grupo de profesoras y profesores se plantea que es importante que el alumnado aprenda un lenguaje relacionado con la práctica de la paz, tendrá que realizar todo un trabajo en el que la simbología del centro, empezando por el lenguaje hablado y siguiendo con los dibujos, imágenes, música o representaciones dramáticas, hable desde y de la paz.

Si de la misma manera, el claustro considera que es relevante el hecho de considerar que este mundo está compuesto por niños y niñas, hombres y mujeres y que ambos sexos hacen aportaciones significativas al mundo, tendrá que dar existencia simbólica a esta idea y preocuparse de que en su centro estén representados ambos sexos en las diversas áreas de conocimiento, materiales, actividades y espacios.

Observa de nuevo tu realidad cotidiana e intenta descubrir situaciones en las que haya una representación simbólica de las mujeres, de las niñas o de sus aportaciones. Quizá estos ejemplos puedan guiarte:

  • En muchos centros escolares, con motivo de la semana cultural o para fin de curso, se organizan jornadas de juegos en las que se tienen en cuenta los juegos tradicionales del municipio, intentando que estén representados tanto los juegos mixtos como aquellos otros en los que jugaban sólo niñas o sólo niños. Suelen ser jornadas en las que participa toda la comunidad educativa: madres, niños, niñas, profesoras, profesores y quien quiera acercarse.
  • Una profesora de instituto estuvo todo el curso trabajando para que se escucharan en el equipo directivo las peticiones de un grupo de chicas que querían que se instalaran unos bancos en el patio para poder charlar cómodamente. Aunque la petición venía de ellas, esta era una medida que beneficiaba a todo el alumnado.
  • Un grupo de profesoras y profesores insistieron en cambiar los carteles que señalaban los espacios del centro, así como los documentos internos, cartas y cuestionarios que se enviaban a las familias. Pedían cambiar el masculino por algún genérico o bien nombrar a los dos sexos: sala de profesoras y profesores, dirección, jefatura de estudios.
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Actividad de lectura

Lee el siguiente texto:

“Cuando las mujeres que trabajan en Correos demandaron carritos para poder transportar los envíos postales, muchos los criticaron por ser un signo de debilidad femenina. Cuando las mujeres reclamaron servicios de proximidad -como las guarderías de empresa o comedores escolares- para facilitar la incorporación al mercado laboral y liberar más tiempo para la vida, muchos lo encontraron una demanda injustificada. Cuando las mujeres que trabajaban en los hospitales pidieron un calzado cómodo para hacer más llevadera la jornada de trabajo, muchos lo consideraron improcedente. Actualmente los carteros, hombres y mujeres, usan carritos: todos, hombres y mujeres, reclaman los servicios de proximidad y en los hospitales, hombres y mujeres calzan zuecos. Son tres ejemplos de las disparatadas reivindicaciones feministas que, al cabo de los años, se han aceptado, porque suponen una mayor calidad de vida para todos....”

Fuente: Fragmento del artículo Reivindicaciones con sentido común. Madrid Sindical. Febrero, 1999. (Tomado de Experiencia y conocimiento de las Mujeres en la Educación Permanente: una propuesta didáctica para prevenir violencia. Instituto de la Mujer, Madrid, 2000).

Mira a tu alrededor y observa si las aportaciones que realizan las mujeres (madres, profesoras,...) y las niñas, para que la vida funcione, son dichas, son puestas en palabras, son reconocidas. Piensa en tu propia contribución, la que tú haces con tus palabras, para lograr este reconocimiento.


Seguramente, en algún momento de tu vida has pasado por la experiencia de sentirte nombrado o nombrada y de sentir que, con ello, se valoran tus actuaciones y aportaciones; y seguramente también habrás sentido qué significa que no te tengan en cuenta, percibir que se descalifican tus actuaciones o sentir que muchas de las cosas que haces son interpretadas de otra manera a como realmente son.

Desde esta vivencia personal que nos habla del gusto por sentir que otras personas nos tienen en cuenta y de tener una representación positiva ante el mundo, nos podemos preguntar por los beneficios de nombrar a ambos sexos y de no excluirnos mediante el lenguaje.

Mas bien se trata de que el lenguaje nos ayude a concebir, nombrar e imaginar formas diferentes de ser hombre y de ser mujer, dejando sin sentido simbólicos patriarcales tales como identificar a las mujeres exclusivamente con la belleza y a los hombres con la valentía y la agresividad. Piensa que la primera mujer que se atrevió a pensar y a poner palabras a su deseo de ir a la Universidad, cuando ninguna mujer podía hacerlo, abrió el camino para que otras mujeres también lo pudieran nombrar y hacerlo realidad. Igualmente, aquellos hombres que un día se atrevieron a pensar que no querían luchar, ni portar armas ni estar en ninguna guerra y que pusieron palabras a este deseo, abrieron la puerta a otros hombres que a partir de entonces pudieron contagiarse por ese mismo deseo.

Dar nuevos significados y hacer simbólico puede ser un acto deliberado. Basta el convencimiento de que representar las formas diversas de ser hombres y de ser mujeres que hay en el mundo mejora las relaciones entre los sexos, entre las personas de un mismo sexo y las de cada una consigo misma.

Detrás de una palabra, tan solo de una, renace el mundo entero

Texto: Ana Mañeru y José Mª Báez. Ilustración: Itxaso Sasiain 

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Para saber más...

Concepción Jaramillo. Recursos simbólicos para prevenir la violencia; en Tomar en serio a las niñas. Serie de Cuadernos de Educación No Sexista, nº17, pág. 39-63. Instituto de la Mujer (2005).