En primera persona

Hablar en primera persona significa nombrar desde sí, en masculino o femenino, teniendo en cuenta los propios deseos, sentimientos, emociones, necesidades o gustos. Que niñas y niños aprendan a hablar desde sí, implica que aprendan a reconocer esos deseos, capacidades, sentimientos, etc. de manera que sepan reconocer y nombrar su propia singularidad. Para conseguir esto, el habla es una importante herramienta educativa, aunque sin duda no hay que restringir las posibilidades de otros medios expresivos. Hay quienes prefieren expresar todo esto a través del dibujo o de lenguaje corporal o de la música. Se trata de dotarles de un vocabulario y una forma de decir, a través de la cual puedan expresar lo que sienten y necesitan.

Actualmente, las palabras de las mujeres tienen más visibilidad que en otros tiempos. No tenemos más que echar un vistazo al mundo editorial para comprobar que hay muchas autoras, ensayistas, libreras, editoras... y cada vez son más las que están en otros medios expresivos como el cine, la pintura, el teatro o la música. Esto ayuda a hombres y mujeres a ver que la realidad puede ser vista e interpretada de manera muy diversas; ayuda a ver que no hay una única forma de interpretar el mundo, enriqueciendo el pensamiento y la mirada de unas y de otros.

Programa de Alfabetización y Educación Básica de Personas Adultas de Perú

Actualmente, las palabras de las mujeres tienen más visibilidad que en otros tiempos.
Fuente: Programa de Alfabetización y Educación Básica de Personas Adultas de Perú.

¿Recuerdas el video de Inma Shara en el Módulo 1? Ella contaba su experiencia hablando desde sí, desde su deseo de ser directora de orquesta y nos hacía ver cómo este deseo que ella pone en marcha y expresa mediante palabras, ayuda a transformar la realidad; también expresa las dificultades que a veces produce lo diferente y la riqueza que supone que hombres y mujeres tengan visiones y ejecuciones diferentes de una misma actividad.

Sin embargo, junto a esto, siguen dándose situaciones en las que tanto hombres como mujeres muestran dificultades reales para expresar sus verdaderos sentimientos, miedos, aficiones, gustos... Por ejemplo, hoy por hoy, un niño que siente una especial amistad hacia otro niño, probablemente tenga dificultades para expresar que quiere profundamente a su amigo, que siente amor por él, sin que una parte de sus compañeros le tilden de "marica", de forma insultante. Esto nos indica que existe un vacío simbólico para dar cuenta de la existencia de relaciones afectivas que se da entre niños que dificulta la expresión de sus sentimientos reales. Este vacío simbólico tiene relación con la tradición patriarcal en la que una relación entre niños donde haya manifestaciones de cariño o ternura es considerada como "anormal".

Promover las manifestaciones de ternura y cariño entre niños ayuda a simbolizar que entre ellos existan afectos y capacidad de relación.

Del mismo modo, no es extraño que a una chica adolescente le resulte difícil expresar con palabras la incomodidad o incluso el temor que puede sentir ante una determinada mirada de un hombre por la calle. Desde un modelo patriarcal esa chica debería sentirse bien por el hecho de "gustar" y el peso de esta tradición dificulta la creación de un espacio simbólico, de palabras con las que poder expresar el malestar que realmente está sintiendo, aunque también es cierto que cada vez tiene más palabras y referentes a su disposición para fiarse de lo que siente y decirlo en voz alta.

Por otra parte, si observas cómo hablan los hombres y las mujeres que te rodean, podrás darte cuenta que suelen expresarse de forma diferente. Unas y otros, a lo largo del tiempo y en función de sus diferentes experiencias, han ido adquiriendo diferentes estilos de comunicación que se van transmitiendo, de forma inconsciente, como un bagaje cultural más. Según la filóloga española Mercedes Bengoechea , hombres y mujeres tienen estilos comunicativos diferentes; sin embargo, hay una cierta tendencia, sobre todo en el mundo empresarial, del trabajo o de la política, a insistir en que las mujeres deben cambiar sus estilos comunicativos si quieren destacar y participar en lo que se ha venido a llamar "las esferas públicas". Esta autora, por el contrario, defiende que el estilo comunicativo de las mujeres forma parte de su forma de entender el mundo. Para ella, avanzar no es cambiar ese lenguaje, sino dotarlo de autoridad.

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Para saber más...

Mercedes BengoecheaLa comunicación femenina. En Uso del lenguaje en el mercado laboral. Cap. 3. Emakunde. Eusko Jaurlaritza / Gobierno Vasco. Fondo social Europeo.


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Actividad de lectura

Todas las personas sentimos la necesidad de expresar sentimientos, emociones, deseos, hechos o pensamientos en primera persona. Para las mujeres, poder nombrarse en femenino ha sido un deseo y una necesidad recurrente a lo largo de la historia. En este sentido y a modo de ejemplo, María Milagros Rivera nos presenta el ejemplo de Juana de Contreras, que viene a confirmar cómo ya en el siglo XVI había mujeres que reclamaban esa necesidad de nombrarse:

Juana de Contreras fue una humanista perteneciente a la nobleza castellana, a la que conocemos de estudiante, alumna, por interés de su tío Lope de Baena, del humanista italiano Lucio Marineo Sículo. Juana de Contreras se enfrentó por carta con su maestro porque la gramática latina (la ciencia idolatrada por los humanistas) no le dejaba a ella (y sí a él) expresarse y decirse como quería. En una carta datable en 1504, Juana plantea, en contra de su maestro y de las reglas de la gramática, que quiere referirse a sí con el apelativo de heroína en latín declinado por la primera, y no de herios, como le explica pacientemente Sículo (y ella sabe de sobra) que es la forma femenina correcta en los clásicos, una forma sin desinencia propia. Ella insiste en otra carta en que quiere ser heroína en la primera declinación. Sículo le responde entonces irritado, que obedezca y no se deje llevar por la ambición... que Juana de Contreras quisiera decirse heroína ( y no catedrático, como algunas de sus sucesoras cuando había hecho estragos el principio de igualdad) indica que lo que está en juego cuando se cancela o se ignora la diferencia sexual son la cordura y la grandeza de muchas mujeres; porque las reglas que normalizan unificando se tragan espacios de libertad. (María Milagros Rivera Garretas: El fraude de la igualdad. Planeta, Barcelona, 1997, p.40)

La misma autora nos cuenta cómo las mujeres se han preguntado por hechos reiteradamente a lo largo del tiempo y traza una línea transversal en torno a estas preocupaciones. Así, cuenta cómo es reiterativo en el pensamiento de las mujeres la preocupación por ese poder masculino que se justifica a través de su fuerza física y señala cómo esta preocupación aparece en los textos de Teresa de Cartagena en el siglo XV, en las tertulias de la Querella de la Mujeres en el siglo XVI y sigue apareciendo en los textos de Mary Wollstonecraft en el siglo XVIII. Otras cuestiones que han preocupado a las mujeres a lo largo de los siglos son el miedo a escribir, el uso de la palabra pública o el sentido del adorno femenino. (María Milagros Rivera Garretas: Nombrar el mundo en femenino. Icaria, Barcelona, 1994, p.29).