Contar cuentos cuenta

Cuando contamos cuentos, regalamos palabras y las palabras son alimento, tan importante como la comida o el sueño. Los cuentos forman también parte de una cultura y, a través de ellos, se transmiten unos valores más o menos explícitos. Con sus historias se ayuda a niños y niñas a superar miedos, a diferenciar cuándo deben confiar y cuándo deben desconfiar, a ver la vida con ilusión, a descubrir que la creatividad y la imaginación son importantes para vivir. Pero, a veces, pasa también que, a través de ellos, se potencian los mimbres de una cultura androcéntrica.

Una breve reflexión sobre sus personajes nos puede llevar a ver como las protagonistas de muchos cuentos clásicos (véase Blancanieves, Cenicienta, etc.) y también de otros más modernos, necesitan casi siempre de la mano de un personaje masculino que las ayude a solucionar sus problemas; en muchas ocasiones son personajes dulces, llenos de bondad, de una gran belleza física y delicadeza en sus modales; a veces son un poco desobedientes y esto las lleva a realizar grandes descubrimientos pero, al final, casi siempre reciben un pequeño castigo o reprimenda y vuelven a ser "buenísimas"; el objetivo final de la gran mayoría de ellas suele ser la vida en pareja y por eso se las ve felices cuando encuentran a su "príncipe encantado". De la misma forma, los personajes masculinos suelen ser arriesgados y belicosos, aunque presentados como "valientes", independientes de las y los demás, tienen a cargo tareas descomunales como salvar un reino y casi siempre su gran estrategia pasa por la lucha contra "el mal", que se presenta en forma de dragón, de ogro, de brujo, de enemigo o de cualquier otro tipo de personaje maligno. Suelen mostrarse como grandes héroes en busca de su amada, que representa una parte de su felicidad, pues la principal es su propia fama.

Para evitar caer en el androcentrismo de algunos cuentos, sería interesante tener en cuenta algunas claves:

  • No se trata de dejar de contar cuentos clásicos, pero de vez en cuando se puede dejar que entre en ellos un poco de "aire fresco", cambiando las actitudes de algunos personajes, introduciendo nuevas situaciones, etc. Si no quieres cambiar el cuento clásico, siempre puedes puedes continuar la historia y contar qué "pasó después del beso", abriendo el "fueron felices y comieron perdices" a nuevas situaciones en las que, por ejemplo, tanto el como la protagonista sepan pedir la ayuda de la pareja para poder vencer una dificultad o poner a las y los personajes en otro contexto, cambiando el castillo encantado por "un apartamento en una urbanización sin piscina"; o plantear que "se casaron, pero no fueron felices y al cabo de un tiempo decidieron separarse". Se trata de abrir la posibilidad de contar los mismos cuentos de diferentes maneras; describir con otras palabras a los personajes, ofrecer diferentes posibilidades de ser feliz, etc.
  • Itxaso Sasiain nos indica que en los cuentos tradicionales conviene distanciarse de la moraleja culpabilizante que a veces envuelven los actos de sus protagonistas femeninas y de esa manera encontrar formas libres de ser mujer; así encontraremos a "mujeres capaces de escuchar sus deseos propios y abandonarse a ellos, como el gusto y el disfrute que experimenta Cenicienta en el baile más allá de la medianoche, y por otro, niñas valientes de caperuza roja, con un ávido espíritu de curiosidad y descubrimiento para alejarse del camino y pasear por el bosque, conociendo plantas, animales y olores hasta entonces desconocidos".
  • Tratar de combinar los cuentos clásicos que conocen con otro tipo de cuentos donde haya personajes femeninos y masculinos, que adoptan diferentes actitudes ante la vida, se plantean otros fines y emplean otras estrategias diferentes a las que nos ofrecen los cuentos clásicos.
  • En ocasiones se ha interpretado que estar libre de estereotipos sexistas consiste en realizar un cambio de roles, en el sentido de invertirlos; y aunque esta es una técnica interesante para trabajar en las aulas, no por ello los cuentos dejan de ser sexistas; es decir, no se trata de que repentinamente los hombres sólo hagan labores en casa y cuiden bebés, mientras que las mujeres se van temprano a trabajar en la construcción y vuelven a casa al anochecer. Se trataría más bien de ofrecer un modelo en que ambos sexos participen de todas las esferas de la vida: trabajo, familia, ocio, vida social, etc. y donde mujeres y hombres tengan la posibilidad de decidir sobre su propia vida, más allá de un destino prefijado.

Ilustración del cuento nunca jamás

Ilustración del cuento Nuncajamás de Adela Turín y Leticia Gallí.
Editorial Lumen, 1990.

Actualmente la literatura infantil y juvenil es tan amplia, que realmente no existe ninguna dificultad a la hora de encontrar cuentos con las más variadas características; se trata únicamente de elegir aquellos en los que observemos que los personajes masculinos y femeninos protagonistas estén cada vez más libres de estereotipos sexistas.

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Vídeo: Juguetes no sexistas.
Fuente: Mujeres de Hoy, Instituto de la Mujer y RTVE, 2004.

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Actividad de Lectura

Lee el siguiente texto tomado del final de un cuento tradicional (ejemplo tomado del manual Ni ogros ni princesas, Editado por el Principado de Asturias, pág. 154):

(...) Cada vez más extrañado, se adentró en el castillo hasta llegar a la habitación donde dormía la princesa. Durante mucho rato contempló aquel rostro sereno, lleno de paz y belleza; sintió nacer en su corazón el amor que siempre había esperado en vano. Emocionado, se acercó a ella, tomó la mano de la muchacha y delicadamente la besó... Con aquel beso, de pronto la muchacha se desperezó y abrió los ojos, despertando del larguísimo sueño. Al ver frente a sí al príncipe, murmuró: ¡Por fin habéis llegado! En mis sueños acariciaba este momento tanto tiempo esperado". El encantamiento se había roto. La princesa se levantó y tendió su mano al príncipe. En aquel momento todo el castillo despertó. Todos se levantaron, mirándose sorprendidos y preguntándose qué era lo que había sucedido. Al darse cuenta, corrieron locos de alegría junto a la princesa, más hermosa y feliz que nunca. Al cabo de unos días, el castillo, hasta entonces inmerso en el silencio, se llenó de cantos, de música y de alegres risas con motivo de la boda.


Intenta inventar otro final en el que la protagonista tenga en cuenta un proyecto vital propio que considere más esferas que el hecho de vivir en pareja. ¿Cómo reaccionaría ante la propuesta del principe?



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Para saber más...

Almudena Mateos e Itxaso Sasiain. Contar cuentos cuenta. Cuadernos de educación no sexista. Nº 18 Instituto de la Mujer (2006).