Cambiar la mirada

Además de utilizar las herramientas que mencionamos en el epígrafe anterior, siempre tenemos la posibilidad de cambiar la mirada sobre lo que tenemos delante. Es decir, de aportar nuevos significados o de transformar, haciendo un poco más nuestro, aquello que realmente queremos decir. En el uso del lenguaje cambiar la mirada hace posible decir las cosas de otro modo.

En un curso de formación del profesorado en el que se estuvieron analizando puntos sobre los que habría que seguir trabajando, para conseguir unas relaciones entre chicos y chicas en las que no quepan la subordinación ni la desigualdad, el profesorado señaló varias cuestiones que hay que tener en cuenta:

  • Las madres siguen ocupándose en mayor medida del cuidado de los hijos e hijas.
  • Las mujeres tienen que demostrar (a nivel laboral) lo que a los hombres se les da por supuesto.
  • Las mujeres se siguen ocupando de la educación.
  • La participación en la escuela sigue siendo mayoritariamente de mujeres.

Todas estas frases son reales y se repiten con una formulación similar en muchos cursos de coeducación. Las frases tienen en común que están protagonizadas por mujeres y parecen decir que, si hay algo que cambiar, son ellas quienes deben hacerlo. No se nombra a los hombres y parece que nada de esto les atañe. De esta manera puede entenderse que son las mujeres las carentes de alguna cosa o que sólo a ellas les afectan esas situaciones y son ellas las que deberían hacer algo por solucionarlas.

Sin embargo, en todos esos casos, no son las mujeres quienes han de cambiar, porque lo que ellas hacen es fundamental para la vida y el bienestar de las personas. Más bien corresponde a la mayoría de los hombres dar pasos para ponerse a la altura de lo que ya hacen ellas. En este grupo se hizo un esfuerzo por expresar las anteriores frases de otra manera:

  • Las madres se ocupan del cuidado de hijos e hijas. Los padres todavía tienen que hacer un esfuerzo por aumentar su participación en estas tareas.
  • Siguen sin valorarse las aportaciones que las mujeres, como mujeres, pueden realizar en los diferentes trabajos y, en ocasiones, se sigue midiendo su eficacia bajo patrones masculinos.
  • Sería interesante que hombres y mujeres participaran en la misma medida en el ámbito educativo. Ellas están muy representadas en este campo (madres, profesoras, alumnas); ellos tienen que avanzar en este sentido.
  • Los hombres tienen que invertir más tiempo en los cuidados de la familia y equiparar con sus compañeras las horas que dedican a ello, incluyendo aquellas situaciones que requieren ausentarse del trabajo remunerado.

Algo parecido ocurre a veces en la escuela. Como veremos más adelante, muchos libros de texto, así como el desarrollo de los contenidos curriculares de diversos centros educativos, son preferentemente heredados de una cultura transmitida a través de generaciones de hombres, en la que son ellos quienes son sus protagonistas.

Esto no pasa sólo con los contenidos curriculares, sino también con otro tipo de informaciones que circulan en las escuelas. Mercedes Bengoechea explica que suele darse una resistencia por parte de los chicos para hablar de temas que suelen interesar a la mayoría de las chicas; ellas, en cambio, suelen interesarse por todos los temas, si bien su participación en el debate de los mismos es diferente; ellas suelen hablar y opinar cuando se consideran conocedoras de un tema y en otros casos suelen escuchar y atender. Asimismo, los profesores y las profesoras tienden a elegir temas que suelen gustar más a los chicos, porque de esta manera consiguen que unas y otros participen de una conversación o un debate. La consecuencia de esto es dejar de lado, evitar, restar importancia a aquellas cuestiones de las que las mujeres suelen hablar e interesarse con mayor asiduidad.