Dos sexos en un solo mundo

Cuando somos capaces de llevar al aula las aportaciones y experiencias de ambos sexos, con toda su riqueza y matices, la forma de ver el mundo cambia de forma sustancial. Quizás se entienda mejor esto con un ejemplo:

Imagina que una maestra pregunta a niñas y niños de 6 años en qué trabajan su padre y su madre. Son muchas las respuestas posibles; estas dos han sido recogidas en situaciones reales:

  • Una niña dice que su padre es mecánico y que su madre no trabaja. Con esta afirmación ella da a entender que no considera que lo que su madre hace (limpiar la casa, comprar comida, gestionar el dinero, planchar, ayudarla en los deberes, etc.) sea trabajo. De algún modo, esta niña ha incorporado que trabajo es aquello que se hace a cambio de dinero, dejando sin reconocimiento el esfuerzo realizado por su madre y por tantas mujeres y algunos hombres día a día.
  • Un niño dice que su padre es médico y que su madre es su madre, cuando en realidad ella es profesora. De esta manera, este niño manifiesta una desigual implicación de su padre y de su madre en su cuidado y educación, expresando, a su manera, que es tan importante la presencia de su madre en su vida que, lo que hace fuera de casa, tiene una menor significación para él. Mientras que a su padre lo reconoce fundamentalmente por lo que hace fuera de casa.

Desde una concepción patriarcal tradicional, el trabajo por excelencia es el realizado por estos dos padres, o sea, trabajos remunerados y realizados fuera del ámbito doméstico, mientras que los otros trabajos, realizados fundamentalmente por mujeres, se consideran como secundarios y de menor valor.

Sin embargo, si niñas y niños aprenden a ver el mundo entero y la presencia de ambos sexos en él, podrán descubrir que, sin la gestión y el cuidado de la vida, no es posible la presencia de hombres y mujeres en el mercado laboral. De ese modo, tendrán la oportunidad de descubrir una concepción del trabajo más amplia y rica en la que la vida, y no sólo el dinero, forman parte de ella.

Se trata, por tanto, de mirar el mundo entero para descubrir una diversidad inmensa de claves o de elementos que estimulan y enriquecen la propia experiencia. Ello conlleva salirse de la lógica patriarcal para, desde ahí, aprender, entre otras cosas, a no reducir el cuidado de la vida a un mero estereotipo, a cuidar sin descuidarnos o a llevar el cuidado al mercado laboral.