EL MUNDO DE LAS ESPIRALES



 


Ninguna curva ha fascinado al ser humano desde los tiempos más remotos como la espiral.

Su presencia en los objetos vivos, tanto animales como vegetales, tuvo que llamar la atención de nuestros antepasados desde los albores de la humanidad.

No existe ninguna cultura que no la haya utilizado como elemento simbólico, mágico o simplemente ornamental. Los modelos naturales los tenáin muy cerca, desde el zarcillo de una parra hasta los rizos de sus cabelleras les brindaban sugerentes ejemplos.

El mundo mágico de las espirales es un universo hipnótico, que a veces nos produce sensaciones de vértigo y en otras ocasiones nos transporta a paraísos de calma y placidez, pero que siempre deja en nuestro espíritu la zozobra y la inquietud del infinito.

Esta misteriosa curva que parece enrollarse sin fin sobre sí misma hasta acabar precipitándose en un punto, o al revés, que apareciendo infinitamente pequeña, desde un simple un punto, presenta la osadía de querer llenar todo el espacio, ha ejercido un influjo cautivador no sólo sobre los matemáticos sino también sobre artistas y artesanos de todas las épocas y casi todas las culturas

Las primeras manifestaciones de las espirales como elemento ornamental en la historia de la humanidad se remontan al Neolítico.

En numerosas piedras datadas de este período aparecen espirales enlazadas o dispuestas en distribuciones simétricas.

Aparecen junto a cuadrados y círculos distribuidos formando figuras simétricas, pero las espirales siempre ocupan el lugar protagonista.

Seguramente la facilidad para el tallista de dibujar una curva haciendo girar su punzón alrededor de un punto contribuyó al hecho de que nuestros antepasados se sintieran cautivados con las espirales.

La podemos encontrar entre los adornos de las cruces y medallones celtas.

Aparece entre los motivos ornamentales de las vasijas griegas, pero donde brilla con todo su esplendor es en los capiteles jónicos de los templos como el pequeño templo de Atenea Nike, situado en la Acrópolis ateniense, en los que la curva parece querer huir del peso del arquitrabe, arrepintiéndose al final y retornando sobre sí misma.

 

Nos ofrece recogimiento en las sillerías de las catedrales góticas con toda su sobria elegancia, antes de explotar con toda su exuberancia en la vorágine del arte barroco, con su explosión de motivos florales en los que la espiral se adueña de la ornamentación.

Al fin y al cabo, el Arte imita a la Naturaleza.

La espiral ha sido tema de inspiración de forjadores de todas la épocas que han dejado muestras exquisitas en las rejas que aún hoy adornan ventanas y puertas de nuestras ciudades y pueblos.

Pero no hay que remontarse en el tiempo para encontrar entre nosotros esta sugerente curva...

Miren a su alrededor, donde menos sospechamos nos sorprende su elegante presencia. Cuando paséen por tu ciudad o por su pueblo sólo tienen que mirar con detenimiento en los monumentos o en las rejas y seguro que encontrarán alguna espiral.

Pero, si encontramos espirales por doquier en creaciones artísticas, ornamentales o funcionales del ser humano, es en la Naturaleza donde la espiral se muestra en todo su esplendor y variedad. La espiral y su pariente en el espacio, la hélice cónica.

Inmediatamente nos vienen a la mente las conchas de los caracoles, los cuernos de los rumiantes, la trompa enroscada de un elefante, el cuerpo de una serpiente, la cola de un camaleón...

En el mundo vegetal los ejemplos son si cabe más llamativos ya que entre las plantas aparecen un sinfín de espirales y no precisamente de una en una.

La distribución de las pipas en cualquier girasol, las escamas de cualquier piña, no importa de qué variedad, una simple margarita... nos ofrecen una auténtico desfile de espirales entrelazadas.